Guadalupe Morfín Otero… para la CNDH…

Derechos humanos
Image by profesorjuanbautista via Flickr

Terminaron los tiempos en que los políticos destapaban candidatos.  Lo de hoy es que los ciudadanos opinemos, exijamos, actuemos.  Hoy y por el tiempo que sea necesario comenzaré a hablar de mi candidata a ocupar la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Propongo a Guadalupe porque la conozco, porque conozco su trabajo y esfuerzos al frente de la Comisión de Derechos Humanos en Jalisco.  Y creo que la más grande carta de recomendación por su labor intachable se la dió Opacao Ramírez Acuña, al mover cielo, mar y tierra para que no prosiguiera su labor.  En éste país surrealista, es así como nos enteramos de quien está trabajando bién.

Comenzaré hoy por lo que me interesa:  los derechos de la mujer.   Les presento a Guadalupe Morfín, para que conozcan más de cerca su interés y opinión sobre los derechos humanos y las mujeres:

COMENTARIO DE MARÍA GUADALUPE MORFÍN OTERO

PRESIDENTA DE LA COMISIÓN ESTATAL DE DERECHOS HUMANOS DE JALISCO, MÉXICO

LA MUJER, FORTALEZA VULNERABLE

El trabajo que Rebeca Grynspan ha expuesto, además de explicarnos de manera grata y sucinta el desarrollo histórico del tema de la mujer, y de enriquecerlo con cifras sobre el desarrollo económico, revela con claridad la dramática situación de las mujeres en éste que ha sido el siglo más declarativo, el de más reconocimiento internacional a los derechos humanos, y también el más siniestro, cruel e inequitativo. El siglo quizá más inhumano de la era moderna.

Quisiera complementar algunos de los interesantes aportes de nuestra principal expositora, con ejemplos que dan cuenta de la necesidad de adoptar un tratamiento, además de específico, transversal a los asuntos que afectan a la mujer por el hecho de serlo, no sólo en las defensorías del pueblo y organismos correlativos, sino en todas las instancias públicas, en una especie de cruzado que atañe a todos los miembros de la sociedad y que nos enseña una nueva mirada sobre la condición humana, que es a la que hacía referencia Jorge Nieto esta mañana, la nueva mirada que dirigimos a las cosas que siempre han estado ahí.

Los ejemplos que señalaré, aunque ocurridos en mi país, México, tienen importancia porque podrían suceder casi en cualquier parte de Latinoamérica quizá también en la Península Ibérica. Más allá de sus rasgos locales, nos llaman a actuar en favor de una equidad de género que dista mucho de ser real y cuya merma agota las reservas energéticas y espirituales que descansan el lado femenino de la historia de las mujeres y los hombres en este planeta.

Paso a los ejemplos anunciados:

En Guadalajara, Jalisco, un niño aguarda a que su madre, afanadora que gana el equivalente a menos de 60 dólares a la quincena, regrese del trabajo al atardecer y les lleve de comer a él y a otros cinco hermanos. El padre purga una pena privativa de libertad en un estado vecino. La hermanita menor, de dos años, todos los días llora por hambre. El hermano mayor, de once años, en límite de su resistencia, la golpea. La niña deja de moverse. Todos los pequeños se ponen a rezar el rosario para que vuelva a la vida. Es la época de sus vacaciones. Cualquier lector de la noticia se formularía la pregunta acerca de que sería el culpable. Ciertamente, no el niño mayor. Tampoco la mujer. Y tampoco el padre ausente. El suceso forma parte de la estructura injusta que hace depender de los más vulnerables, las mujeres y los niños, el peso de una existencia donde la palabra esperanza se ha borrado del horizonte, y donde cabe hablar, en vez de culpa, de corresponsabilidad.

En Ciudad Juárez, Chihuahua, una ciudad mexicana en frontera con Estados Unidos, más de cien mujeres han sido torturadas, ultrajadas y asesinadas en los últimos cinco años, sin que se hayan esclarecido los casos. La Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió la Recomendación 44/98 para que actúe con eficacia y prontitud por parte de los poderes locales encargados de procurar y administrar justicia. Alguna autoridad local quiso minimizar el caso con el argumento de que las mujeres, todas ellas muchachas de rasgos raciales semejantes, morenas, delgadas, se dedicaban a la prostitución y a frecuentar bares. No es así; han sido víctimas incluso defensoras de derechos humanos, y en 90% de los casos se trata de jóvenes trabajadoras migrantes, originarias de los estados del sur, alejadas de sus parientes.

En julio de 1998, en la delegación Tláhuac de la ciudad de México, tres jovencitas, dos de ellas menores, fueron secuestradas y violadas por varios policías en el cuartel de la policía montada. Algunos mandos de la policía quisieron desviar la atención sobre el delito cometido y centrarlo en la personalidad de las víctimas. Se comenzó a argumentar que ejercían la prostitución. El Ombudsman del Distrito Federal reaccionó de inmediato; cuando se acusa a las víctimas, además de que se duplica su sufrimiento, se toma el camino que permite la impunidad de los culpables. La Comisión de Derechos Humanos de Distrito Federal asesora con puntualidad y acuciosidad a las víctimas y las prepara para hacer valer sus derechos.

En diciembre de 1997, en Chiapas, la otra frontera de México, frontera no sólo geográfica con Guatemala, sino frontera moral donde se decide la línea ética de una política nacional con los grupos indígenas, una visión de Estado: una definición de la vocación a la paz de todos los mexicanos, un grupo indígena de desplazados que hacía oración en una capilla, en Acteal, del municipio de Chenalhó, fue masacrado por un grupo paramilitar. Entre las víctimas, 41 muertos y 17 heridos, hay un gran número de mujeres. Son 21 las muertas adultas, frente a 9 hombres y 15 niñas y niños. El suceso mereció una pronta Recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la 1/98, que todavía está por cumplirse.

Hasta aquí los ejemplos, sin duda extremos, pero también paradigmático de los retos para los Ombudsman de Iberoamérica.

Numerosos documentos y publicaciones de organismos civiles y religiosos de defensa de los derechos humanos en México, El Salvador y Guatemala dan cuenta de los métodos recomendados en algunas escuelas militares de Estados Unidos a sus colegas latinoamericanos en adiestramiento para subsistir en zonas de guerra de baja intensidad. Estos métodos son fruto de la experiencia norteamericana en Vietnam, perfeccionada con su intervención en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Colombia, Panamá, el Medio Oriente y Asia, a fin de evitar conflictos abiertos de guerra regular. En ellos, la mujer es sometida a condiciones extremas de vulnerabilidad y de violación a sus derechos humanos. Parte medular de estos métodos es lo que se llama “quitarle el agua a pez”: desplazamientos forzosos de la población, masacre de aldeas y comunidades, robo del excedente de producción para evitar ayudar a los alzados, violación de mujeres, ocupación de espacios comunitarios, como los ríos, las fuentes de agua potable o los caminos; todo ello lleva a romper la dinámica de la vida comunitaria. O la táctica de “la herida al corazón”, es decir, a la memoria y al futuro, que recomienda matar a los viejos y a los niños, y dejar más heridos que muertos en los enfrentamientos, pues requerirá más tiempo y esfuerzo cuidar de los sobrevivientes que enterrar a los fallecidos. O la de ganar los corazones y las mentes con una imagen asistencial del ejército, a través de despensas, servicios gratuitos de peluquería, pintura. Esta política militar da gravemente las opciones de paz, pero sobre todo a las instituciones militares estatales de todos los países, donde siempre cabe esperar personas con perfil ético del cumplimiento de su deber.

Las fotos de los campamentos de refugiados guatemaltecos en México tomadas por Pedro Valtierra y Antonio Turok entre 1982 y 1993, nos traen imágenes de la supervivencia en la precariedad. En ellas aparece la mujer rodeada de su casi nada, pero siempre al centro, como hogar, con sólo humildes comales.

Despojada de todo, sigue encendiendo el fuego, vincula al alimento, con el techo, con la vida. Preserva la vida, huye de los kaibiles, defiende a los suyos. No merece la soledad, el abandono o la indiferencia, sí el apoyo para sustentar su tarea creativa.

En este final de siglo, en la parte latina de nuestro continente, y en ese Sur del mundo que es el de los desposeídos, la pobreza tiene cara de mujer. Y no que sea así sólo por la misma razón del género femenino de la palabra, que valió que Francisco de Asís la llamara “la Dama pobreza”, sino porque son mujeres, en su mayoría, pobres entre los pobres. Las cifras se pueden constatar en los documentos de las conferencias internacionales sobre la mujer celebrados en México (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985), El Cairo y Pekín (1995).

Por otra parte, distintas convenciones internacionales dan cuenta de una feminización no menos inquietante: aquella de la victimación de la violencia. Los ejemplos que antes señalé son elocuentes al respecto. La Convención sobre la Eliminación de Todas Formas de Discriminación contra la Mujer de 1997 nos remite a reflexionar cómo la opresión del género femenino convierte a la mujer en sujeto permanente de violación de derechos humanos, y define, tipifica la violencia doméstica y extradoméstica como una violación de estos derechos, es decir, reconoce la violencia contra las mujeres como consecuencia de la jerarquía entre los géneros, y reconoce también a los individuos, y no sólo a los estados, sus funcionarios y agentes, como posibles sujetos violadores de derechos humanos, lo que constituye un concepto nuevo en la teoría de los derechos humanos. Estos términos fueron ampliados en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, celebrada en Belém do Para (1994).

¿Cómo revertir esa doble vulnerabilidad de la mujer en Latinoamérica? No importa que la guerra sea disfrazada, ya sea que se le llame de baja intensidad o de conflicto armado abierto, de patrones macroeconómicos que fabrican seres prescindibles, borrables, o de hambrunas que igual matan. Según el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos Humanos de la Mujer (CLADEM), los estados deben revisar las políticas macroeconómicas los programas de ajuste estructural para superar y corregir efectos negativos de las crisis económicas, los cuales perjudican sobre todo a mujeres, ancianos y niños. Por lo tanto, deberán promover condiciones de equidad entre los géneros y eliminar obstáculos legales o administrativos que impidan la plena participación de la mujer en la vida pública. Los derechos al desarrollo no admitiendo como pretexto para su plena vigencia la falta de éste.

La propuesta del CLADEM para una nueva declaración de los derechos humanos desde una perspectiva de género, abonaría a la transversalidad que hacía referencia Rebeca Grynspan. Como consecuencia de reconocer que los individuos pueden ser violadores de derechos humanos de las mujeres, los estados deben proveer todo lo necesario para que el disfrute de estos derechos sea posible. Esto implica que el Estado garantice a las mujeres una existencia libre de violencia y del miedo a ésta, su derecho a la integridad física, psíquica moral y sexual, a través de medidas para prevenir, sancionar, erradicar todas las manifestaciones de la violencia. Dada la peculiar vulnerabilidad de la mujer, los gobiernos deben tomar medidas especiales para revertir las persistentes situaciones de desventaja personal o social por razón de género, etnia o cualquiera otra que dan origen a la violencia, y atender con medidas de protección a las personas migrantes, desplazadas o refugiadas. Son personas particularmente propicias a ser víctimas las que viven situaciones de conflicto armado. Las violaciones, asesinatos, embarazos forzados, la esclavitud sexual y abusos cometidos en ese contexto deben ser considerados delitos de guerra y no podrán prescribir.

El 25 de noviembre de 1997 comenzó una campaña mundial con el lema: “Sin los derechos de las mujeres no hay derechos humanos”, impulsada, entre otros, por el Centro para el Liderazgo Global de la Mujer y varias comisiones de la ONU. En esta campaña se incluye la propuesta del CLADEM. Con ella las mujeres llaman a la comunidad internacional a reconocer y reafirmar normativamente los derechos de las mujeres como derechos humanos, para construir una cultura de igualdad de oportunidades, libre de violencia, con respeto a la diferencia. Esta propuesta incluye los derechos a la ciudadanía, al desarrollo, a la paz, y a una vida libre de violencia, derechos sexuales y reproductivos, derechos ambientales, derechos de las personas y pueblos en razón de su identidad étnico-racial.

La mujer está siempre a prueba, siempre peleando no ya una habitación propia, sino una ventana desde donde recuperarse como persona; es símbolo de lo que funda los pueblos y perpetúa la vida. Fortaleza vulnerable, al crear y recrear, integrar, solidarizar. Carga la doble vocación de ser techo y semil. Contiene las coordenadas de la única existencia humana sostenible: las de construcción de la cotidianidad que aspira a la paz, las de la consagración y transmisión de los rituales extraordinarios que alimentan el espíritu.

Sobreviviente del presente, habita su tiempo y su espacio con toda corporeidad. Así como las células y los tejidos vivos elaboran redes de sutileza complejidad extremas, la mujer es la afirmación sensible, y por lo tanto inteligente, de una vocación fincada en un horizonte temporal que rebasa los límites de una sola generación.

Transmite la vida con su vida. Por eso, desde el nacimiento hasta la muerte, todo acto de riesgo, sea de hombre o de mujer, es esencialmente femenino. Todo en la mujer se pone en juego en cada gesto. Por eso, el cuerpo le reclama y cobra, con más intensidad que a los varones, cada olvido, cada titubeo, pero también le premia, con una iluminación intemporal, cada coherencia, cada atemperada mansedumbre, cada valentía.

¿Qué puede hacer un Ombudsman por ella en Iberoamérica? Primero otorgar al género femenino estatuto de interlocutor privilegiado. Segundo: no permanecer imparcial ante su drama, sus preguntas. Para ser neutrales es preciso agregar pesos extras en el plato del género femenino de la balanza. Sólo así el fiel marcará su meta de equidad, sin la cual no habrá justicia. Tomar partido con la mujer supone un ejercicio de compensación y equilibrio de su vulnerabilidad. Tercero: acoger y respetar su capacidad de sorprender a los humanos. Cuarto: que la mirada o perspectiva de género cruce e inspire nuestro trabajo.

Todo esto puede sonar a idealización de lo femenino. En todo caso, sin feminización de los espacios públicos, muy poco se les puede llamar democráticos. Feminizar el poder es posibilitarle un decir desde las entrañas. Un decir verdadero y esencial. Una mediación impregnada de sentido común y esperanza. No podemos salvarnos como especie si no salvamos esa vocación de la mujer.

El II Congreso Internacional de la Federación Iberoamericana del Ombudsman se pronunció, con la Declaración de Toledo, a favor de un tratamiento específico de los asuntos de la mujer en las defensorías del pueblo. Los días previos a este III Congreso Anual de la FIO, un grupo muy calificado, y además encantador, de mujeres responsables de estas defensorías específicas en cerca de diez organismos nacionales, ha estado trabajando muy intensamente para proponer cómo incrementar la efectividad y amplitud de la mirada de género de los Ombudsman.

El Ombudsman no se erige en protector de garantías de un único sector social; por el contrario, su propósito es la salvaguarda de todas las libertades de todos los seres humanos. Es de celebrarse este Congreso, y en particular los trabajos de la Red de Defensoría de la Mujer bajo los auspicios del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, y esta mesa de reflexión cuya mirada se dirige a ese sector históricamente vulnerable: la mujer, cuyos derechos humanos son violados por su condición de mujer. Es preciso saludar con entusiasmo toda acción de la sociedad civil y de los gobiernos que propicie el equilibrio y la armonía entre todos los actores sociales y nos recuerde que “Sin derechos de las mujeres no hay derechos humanos”.

Si la mirada del otro nos define como sujetos humanos, no podemos olvidar que así como la palabra primigenia y el alimento inicial los recibimos de una mujer, también la primera mirada, esa que nos abarca y que nos salva, es la de una mujer.

Y para quienes quieran una visión más detallada: http://www.guadalupemorfin.org

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Laura
    Sep 21, 2009 @ 10:11:57

    Buen día, querida Ana Isabel.

    Lo primero que leí y conocí de Guadalupe Morfín fue a través de Gritos y Susurros. Conocí un poco más de ella, ahora que estoy apoyando en un proyecto de DH y estoy revisando algunas recomendaciones emitidas durante su gestión.

    Me gusto este texto que subes, lo releí y volví a leer lo que escribió con Denise.

    En algún lado leí que colaboró/colabora en Cd. Juárez, sigue ahí o en qué está? Gracias por el link a su página, voy a revisar más documentos.

    Por lo pronto cuenta con mi ruido y apoyo.

    Besos.

    Responder

  2. Ana Isabel
    Sep 21, 2009 @ 10:19:28

    Buenos y felices días Laura.

    Gracias por la ayuda. Pienso que debemos proponer a nuestros candidatos, porque si esperamos a Mr. Haigasido o a cualquier político, tendremos más de lo mismo.

    La prueba es el inútil misógino de Chávez. No debemos permitirlo.

    Besos

    Responder

  3. jaime rodriguez morando
    Oct 06, 2009 @ 11:39:01

    Te apoyo Guadalupe, dejaste trabajo inconcluso en jalsico recuerda el procurador

    Responder

  4. jaime rodriguez morando
    Oct 06, 2009 @ 11:39:23

    Te apoyo Guadalupe,

    Responder

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