Ombudsman para la paz (Guadalupe Morfín Otero)

Gift of Peace
Image by YardSale via Flickr

Reforma [Colaborador Invitado]: Ombudsman para la paz

Guadalupe Morfín Otero

Me interesa ser una Defensora del Pueblo, y la ombudsman para la paz que México necesita como una certeza en su horizonte de futuro. He trabajado con cargos que llevaban en su título la palabra violencia y sé bien de qué hablo al mencionarla. Por eso aportaré mi saber como mujer que ha tenido como tarea cuidar a otras mujeres y, al hacerlo, crear un sentido de responsabilidad interinstitucional y una idea de solidaridad que toca a las puertas de toda la sociedad para pronunciar un “Ya basta” a todas las formas de violencia.

Defender al pueblo de México de los abusos u omisiones que constituyen una violación a sus derechos humanos no es exclusivo del ombudsman. Es tarea compartida con altas instituciones como el Congreso de la Unión, los congresos locales; las procuradurías de justicia -federal y locales- cuando estas violaciones configuren delitos; los poderes judiciales; los organismos autónomos que gozan de autonomía plena o acotada y que preservan derechos y libertades políticas fundamentales, como el Instituto Federal Electoral o el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública; de género, como el Instituto Nacional de las Mujeres; contra las exclusiones, como el Consejo Nacional contra la Discriminación, y todo el aparato de Estado cuyo sentido y propósito es precisamente hacer valer estos derechos.

Ésa es la razón que explica la existencia de la estructura de gobierno: conformar una constelación de instituciones que hagan lo que les corresponde, y que lo hagan con legitimidad, con diligencia, en aras del interés general. Y, si es posible, que también lo hagan con alegría.

No hay mejor forma de honrar a la Constitución, que es lo que nos da cohesión, que poner a operar toda la energía del aparato público en aras de garantizar un orden de convivencia justo.

El Defensor del Pueblo, por su naturaleza misma, ya nos lo decía Mary Robinson en su visita a México en noviembre de 1999 a los entonces ombudsman de la República, debe estar preparado para ser impopular. De esta afirmación de la entonces Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas se entiende que a un defensor legítimo no lo aplaudirán ni reconocerán quienes estén empeñados en que el poder perpetúe sistemáticos olvidos o exclusiones de los vulnerables.

Será incómodo al poder, no porque ésa sea su vocación esencial, sino porque deberá usar su voz para que se escuchen aquellas otras que han sido acalladas: las de los niños y niñas explotados sexual o laboralmente; las de los indígenas agraviados; las de quienes viven con VIH/sida; las de las víctimas desatendidas, las de los torturados, las de los injusta o indignamente sometidos a prisión; las de las mujeres asesinadas brutalmente no sólo en la frontera en nuestra querida Ciudad Juárez, sino en todos los sitios donde se ejerce violencia contra ellas, y un largo etcétera.

Pero no sólo es incómodo, el Defensor del Pueblo activa poderosas fuerzas para animar, alentar, propiciar el legítimo funcionamiento de las instituciones. No le toca suplir a otros, sino hacer que cada institución haga aquello para lo que fue creada.

Hay una breve lista de indicadores que pueden servir para evaluar a una institución de esta naturaleza. Algunos de los principios bajo los que actúa son el de autonomía; el de suplencia de la queja; el de actuación de oficio; el de restitución de la armonía vulnerada a través de la reparación del daño; el de preservación de la integridad a través de medidas cautelares; el de publicidad y difusión de actuaciones, en particular de las recomendaciones e informes; el de transparencia en todo aquello que no vulnere la intimidad de las y los quejosos; el de inmediatez y brevedad.

La institución del ombudsman no es en esencia confrontativa; su titular y su equipo directivo deben ser sobre todo perso- nas abiertas al diálogo con la sociedad civil, que aportará su visión constructiva, y con las autoridades. Debe impregnar todas sus actividades de un sentido educativo.

Me animo a presentar mi candidatura porque ya he sido Defensora del Pueblo de Jalisco, comisionada para las mujeres en Ciudad Juárez, y fiscal especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, para todo el país, desde la PGR, y porque en estos tiempos críticos para el país -y para el mundo-, sabré ser una mujer ombudsman (u ombudskvina) que use bien los recursos, humanos y presupuestarios, y que abogue por condiciones de vida digna para todas y todos.

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