Y a propósito de libros: De armas y tesoros, de Avelino Sordo Vilchis

De armas y tesoros
Viernes, 04 de diciembre de 2009 a las 14:48

A Juan Manuel Durán y Celia Montes, con mi agradecimiento

Además de leerlos, siempre es posible encontrarle otros usos a los libros. Tenemos, por ejemplo, el que idearon los creadores de la película Bourne, el ultimatum (Paul Greengrass, 2007), donde es utilizado como arma mortal o por lo menos muy dolorosa: en una vertiginosa secuencia que incluye una persecución por azoteas y balcones de la ciudad marroquí de Tánger, el personaje principal —solo contra el mundo como se encuentra— recurre a un libro de cocina de pasta dura que encuentra a su paso, para combatir al asesino que lo persigue implacable. No creo que esa haya sido la intención, pero ahí se cumplió con creces aquella máxima de «la letra con sangre entra».

Aunque debo confesar que no dejan de sorprenderme los diferentes usos que admite ese maravilloso invento que es el libro, en lo personal prefiero leerlos. Tambien ortodoxo, Borges lo caracterizó como la única herramienta creada por el hombre para extender su memoria y su imaginación. Y sí: el libro es el invento que permitió —y sigue permitiendo— almacenar el conocimiento humano y divulgar sus ideas. De manera que en los libros podemos encontrar todo lo aprendido por la humanidad: lo malo y lo bueno, lo sangriento y lo espiritual, lo asqueroso y lo sabroso, lo detestable y lo sublime; todo cabe en el generoso espacio que hay entre un par de pastas.

Así, es posible toparnos con cualquier tipo de libro: malos, mediocres y buenos. Tenemos los que resulta imposible pasar más allá de sus primeras líneas y los que quisiéramos que nunca acabaran. Existen libros que no conocieron lector y los que fueron sido leídos por millones. Hay libros que no influyeron ni a su autor, pero también están aquellos que representaron una verdadera revolución y cuya influencia resultó definitiva para el desarrollo del conocimiento humano. Uno de los más destacados de éstos fue De revolutionibus orbium coelestium (Sobre el movimiento de las esferas celestiales), escrito entre 1506 y 1531 por el clérigo prusiano Nicolás Copérnico.

Mucho más devastador que el utilizado por Jason Bourne, este libro resultó un arma mortal que rompió en pedacitos la concepción del mundo dominante hasta ese momento, donde la tierra era el centro del universo, ya que se trataba del lugar elegido por Dios para que lo habitáramos sus criaturas. En Sobre el movimiento de las esferas celestiales, Copérnico propuso un nuevo sistema —más simple y exacto—, resultado de sus observaciones, sus cálculos matemáticos y sus reflexiones, donde estableció que la tierra era solamente uno entre varios planetas que giraban alrededor del sol —que a su vez rotaba sobre sí mismo— y que las estrellas no se movían en torno al sol.

Nicolás Copernico nació en Pomerania (hoy Polonia), en 1473 y estudió matemáticas y astronomía en la Universidad de Cracovia, y derecho, medicina y filosofía en las universidades de Bolonia, Padua y Ferrara. Fue canónigo en Warmia, donde además de ocupar algunos cargos administrativos, ejerció la medicina. Curiosamente, el campo donde hizo sus trascendentales aportaciones —la astronomía—, lo atendía en sus tiempos libres, en sus ratos de ocio, ahora si que fecundo y creador. Copérnico murió en Frauenburg, Prusia Oriental, en 1543, año en el que se publicó Sobre el movimiento de las esferas celestiales, acto fundacional de la astronomía moderna.

Hace algunos días tuve el privilegio de sostener en mis manos y hojear el único ejemplar que existe en hispanoamérica de la primera edición de Sobre el movimiento de las esferas celestiales. El libro en sí es una verdadera joya: la composición tipográfica, los grabados de las capitulares y de los esquemas de Copérnico, las tablas con sus observaciones, el papel tratado por el paso de quinientos años y aún las apostillas manuscritas por algún atento lector del siglo XVII, forman un conjunto único —un invaluable tesoro— en el acervo de la Biblioteca Pública del Estado «Juan José Arreola».

Hasta parece mentira que tan delicado objeto resultara ser un arma mortal.

Algunas páginas del ejemplar de «Sobre el movimiento de las esferas celestiales» (primera edición 1543), resguardado en la Biblioteca Pública del Estado «Juan José Arreola»
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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. TeGedora
    Dic 14, 2009 @ 11:29:35

    Buen día gozosa y sexy Ana Isabel.

    Pues sí, en más de una ocasión los libros me han servido de escudo o arma, que no mortal ja,ja.

    Conocí un biólogo catalán que colecciona primeras ediciones y tenia un acervo amplio, de los títulos que recuerdo tenía el Origen de las especies, El capital… es muy agradable.

    Ya me desvie, pero lo que es innegable es la fuerza de los libros, el revuelo que causan algunos y qué tal aquellos que relatan hechos acontecidos años atrás en lugares lejanos, por los que hemos ido reconstruyendo historias, como aquellos de las guerras, durante las dictaduras, o simplemente historias de vida. Los libros como refugios.

    Qué tengas un semana riquísima te mando muchos abrazos de oso.

    Responder

  2. Ana Isabel
    Dic 14, 2009 @ 11:41:34

    TeGe:

    ¿Y qué tal los que nunca acabas de leer? Pasan los años y ahí sigue el libro marcado en la página 20. Tengo uno así. Y también los que te recomiendan, compras y en la segunda página pierdes el interés.

    Los de Cuahutemoc Sánchez y los de Cohello bién podría usarlos como armas de destrucción masiva. En el colegio de mis hijas durante la primaria, el director nos pidió que leyeramos al tal Sánchez. No pude, no se le entiende nada y lo aventé directamente al bote de basura, jajaja.

    En fin, debe ser padre tener en tus manos una primera edición antigüa…

    Te mando abrazos y espero estés totalmente aliviada.

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  3. TeGedora
    Dic 14, 2009 @ 13:55:42

    Tengo algunos de esos que nunca acabe de leer entre ellos uno de García Marquez, en realidad no he podido terminar de leer ninguno de él.

    Fíjate que cuando estaba en la secundaria, nos pidieron un ensayo de la porqueria de texto de Cuahutemoc Sánchez, no recuerdo cuál era: un grito desesperado o juventud en extasis (qué tal los pinches nombrecitos), obvio me lo tuve que chutar todo, es una porqueria lo que escribe, sus libros sólo pueden servir para hacer fogata. De Paulo Coelho leí el alquimista y otro que me regaló una amiga se llama a orillas del río piedra me senté y llore (qué tal!) nunca más volví a leer algo de él.

    Pues fíjate que no estoy totalmente alivida, pase el fin en cama, cero cosas frías y ropa veraniega. Pase una noche compolicada porque tenia congestionamiento nasal y tos de perro. Normalmente dejo que fluya la enfermedad porque no me gusta empastillarme, pero creo que 3 días ya fue mucho, asi que hoy fui al médico y me receto medicamento, ya lo compré. Ya me confirmó que es eso, una gripe. No tengo fiebre ni ningún otro síntoma de dengue o influenza. Pero te digo, no puedo ni hablar tengo la voz muy ronca pero ando de un buen humor que no puedo con él ja,ja. Muchos besos mocosos.

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