Los niños perdidos de Puerto Príncipe

REPORTAJE: Catástrofe en Haití

Cientos  de menores vagan por las calles o en los hospitales de la capital
haitiana sin agua, sin nada que comer y sin protección contra la
violencia y los abusos

PABLO ORDAZ (ENVIADO ESPECIAL) – Puerto Príncipe – 23/01/2010

Stephanie
tiene 20 años, un hijo de seis que no conoció a su padre y otro que
está a punto de nacer y que correrá la misma suerte. Stephanie y su
amiga Marie, madre también de dos niñas, están cocinando tortillas de
harina y un poco de arroz junto a la reja que delimita su campo de
refugiados, situado en el jardín de una mansión derruida del barrio de
Pétion Ville. La harina es de trigo, de la marca Blanquita, y la trajo
hasta aquí el miércoles un camión dominicano de ayuda humanitaria.

El arroz lo repartieron ayer los norteamericanos del desembarco, en
unos sacos de tela con los colores de su bandera. Pero ni Stephanie ni
Marie hablan de su hambre ni de las heridas de sus hijos, ni siquiera
de los familiares -cinco entre las dos- que yacen ahora entre los
escombros de las casas que habitaban. De lo único que hablan es de
Antoine, un crío de cuatro años que desapareció del campamento hace dos
días.

-¿Quién se lo llevó?

-Un blanco.

Es lo único
que Stephanie o Marie saben del salvador o tal vez del raptor de
Antoine. Del hombre blanco que lo metió en un coche de Unicef para
llevarlo a un campamento y alimentarlo y cuidarlo y buscar a sus
padres. O -no lo quiera el destino- del hombre blanco que, valiéndose
de su color de piel y del desbarajuste que reina en Haití, lo sacó del
campamento el jueves pasado y se lo llevó dios sabe dónde.

Porque
Unicef, y también Stephanie y Marie, sospechan que se están colando
redes de traficantes de niños. Sus víctimas son los niños a los que el
terremoto dejó solos, desorientados, tal vez heridos. Como Antoine.
Aunque Stephanie y Marie tardaron algún tiempo en darse cuenta. “Ya
estaba aquí cuando nosotras llegamos”, explica Stephanie, “y empezó a
jugar con nuestros hijos. Pensamos que sus padres estaban entre una de
esas familias vecinas. Fíjese cuántos niños hay aquí. Pero al día
siguiente nos dimos cuenta de que estaba solo. Le preguntamos por sus
padres y dijo que no sabía. Al poco llegó por aquí un señor repartiendo
comida y preguntando si había niños solos. Le señalamos a Antonie y se
lo llevó. Al principio pensamos que para ayudarlo, pero ahora ya no
sabemos…”. Sobre todo después de que unos voluntarios de la Cruz Roja
que recorrieron el campo en un todoterreno destartalado avisaran a las
madres que no perdieran de vista a sus hijos… En ningún momento.
Ojalá que a Antoine no se lo llevara “un blanco malo”, en expresión de
Marie, sino uno bueno. Existe la posibilidad de que su situación esté
descrita a lo largo de los párrafos siguientes.

En uno de los
hospitales que ha habilitado la misión de paz de Naciones Unidas con
tiendas de campaña se encuentra una niña de dos años. Tiene parálisis
cerebral y llegó al hospital deshidratada y en estado de conmoción.
Está tumbada en la camilla, llorando y sola. No tiene heridas graves y
se podría ir a casa, pero nadie sabe cómo se llama ni por dónde empezar
a buscar a su familia. Solo tiene un papel a sus pies que dice “niña”.

En
el mismo hospital se encuentra Sean, de siete años, que llegó gritando
al hospital y estuvo doce horas en posición fetal. Dicen las enfermeras
que cuenta que sus padres están muertos. Sean sólo tiene arañazos y
ahora camina y habla con los otros heridos. Sin embargo, los doctores
no le quieren dar el alta sin saber adónde irá y quién se encargará de
él.

Puede haber cientos, posiblemente miles, de niños en la misma
situación en Puerto Príncipe, vagando por las calles o en los
hospitales, sin agua, sin comida y sin protección contra la violencia y
el abuso. Aunque estos niños no estén físicamente heridos, han sufrido
un trauma psicológico que les afectará el resto de la vida.

Los
tres párrafos anteriores, con todo el horror que encierran, se basan en
un texto escrito por un anónimo funcionario de Unicef que lo envió a
los medios de comunicación.

[Un portavoz de Unicef dijo a primera
hora de ayer que 15 niños habían sido secuestrados en Haití. Horas más
tarde, la agencia de la ONU reconoció que no había podido confirmar aún
esos datos, según informa la agencia Efe. Unicef sigue recabando
información sobre la verosimilitud de las denuncias. El jefe de
comunicación de Unicef en Ginebra, Jeremy Hartley, dijo: “Estamos
tratando de buscar datos más exactos, pero dada la situación que reina
en Haití es muy difícil”].

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Bruja
    Ene 27, 2010 @ 16:40:16

    Es terrible lo que está pasando . Aquí les dejo lo que escribió Galeano a propósito de Haití :

    URL= http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/01/15/los-pecados-de-haiti/

    Te mando un gran abrazo mi querida Artemisa .

    Responder

  2. TeGedora
    Ene 28, 2010 @ 13:48:23

    Buena tarde Bruja, Ana Isabel.

    Qué espanto toda esta situación. Hay un descontrol total y los niños lo están pagando caro.

    Aquí les dejo una nota de El País sobre unos pequeños que llegaron a España con sus nuevas familias. Aunque en el caso de estas familias ya habían iniciado el trámite de adopción y luego del terremoto, se agilizaron.

    http://www.elpais.com/articulo/espana/ninos/haitianos/padres/adoptivos/llegan/Barcelona/elpepuint/20100128elpepunac_20/Tes

    Responder

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