Gabriela Warkentin, De tarde por nuestras fronteras

Cruces colocadas en Lomas del Poleo Planta Alt...
Image via Wikipedia

El País

11 febrero 2010

Gabriela Warkentin

Cuando
llegas a Ciudad Juárez lo primero que debes hacer es sacudirte el peso
de las palabras. Y encontrar otras. Llegas con la sensación de estar
pisando terreno minado. Luego te das cuenta que no es así, para al
final aceptar que siempre lo fue.

Algo de hip hop y rap colorea nuestras historias. Para
comenzar. No todo es la tradicional música norteña. O la electrónica.
Neggro Azteca nos abraza, de a poco, con un gemido musical que recorre
desde las mujeres asesinadas a los jóvenes acribillados. “No llores,
linda Ciudad de Juárez, ay amor, por favor no llores”. Otros: Akil
Ammar, Boca Floja… contarlo, cantarlo, para exorcizarlo.

Fui a
Juárez en días pasados, para ver, oler, palpar lo que nuestra lectura
centralista no siempre permite. El análisis de gabinete es bueno, hasta
que se topa con la realidad. A todos -quiero imaginar- indigna el
reciente asesinato de jovencitos reunidos para festejar. Como a muchos
ha indignado el continuo asesinato de mujeres en esa misma zona del
país. Había leído sobre todo esto, escuchado testimonios, visto
películas; reconozcamos, en días pasados nuestros medios se han volcado
sobre Juárez, al grado casi de la saturación. Por eso justo había que
ir. Enclavada en mi Centro, y entre tanto ruido, Juárez se me hacía
cada vez menos aprehensible.

Esos minutos antes de aterrizar, a
veces lo son todo. Desde el avión, a ojo de pájaro, el mundo todavía es
inocente. Luego te vas acercando, y acercando. Aterrizas. No hay vuelta
atrás. La primera imagen: una ciudad más, viva, activa. Es enorme, sí,
porque se extiende. Lo único que contiene la mirada es la Sierra de
Juárez. Recibe un clima extremoso, sol a plomo y un viento helado. Es
seco, lo sientes de inmediato en la piel. Ya había experimentado esa
sensación antes, en recorridos por otros parajes de Chihuahua. Lo
diferente en tal caso es la ausencia casi total de verde: Juárez es
sobre todo arena y tierra. Los desiertos siempre nos ponen a prueba.

Si
vas a Juárez, habla mucho con su gente. A eso me dediqué en estos días,
a caminar, a recorrer, a hablar con los juarenses. Jóvenes,
estudiantes, padres de familia, el vendedor ambulante de comida local,
transportistas; mucha amabilidad y más ganas de conversar. Ya decíamos,
hablar es exorcizar. Las encuestas nos habían dado el dato duro: 7 de
cada 10 juarenses, según Demotecnia, sienten que a las autoridades el
asunto del narcotráfico se les está yendo de las manos, y más de la
mitad de los encuestados dice haber modificado drásticamente su forma
de vivir para adaptarse a ese estado de peligro constante. Los números
hablan de miedo; pero verlo en los ojos de tu interlocutor no tiene
comparación.

El taxista que reconoce haber mudado a toda su
familia a la habitación de atrás de la casa, para que haya suficientes
paredes de por medio en caso de que comiencen las ráfagas. El padre que
lee al aire en una radio un poema que le escribió al hijo asesinado. El
estadio de futbol que se quiere sentir festivo, con los policías y
militares en la puerta. La hilera de restaurantes y bares cerrados, uno
tras otro: desierto urbano donde solía haber fiesta continua. Las
mantas colgadas en los muros de la universidad: jóvenes que claman
justicia, casi por piedad.

Aprendo algo nuevo: Juárez era
conocida también por sus clínicas dentales. De Estados Unidos llegaban
los pacientes a tratamientos odontológicos, más baratos. Hoy, muchas de
esas clínicas, que en algunas calles están una junto a otra, están
cerradas o porque dejaron de venir los gringos o porque los médicos, de
todo tipo, comienzan a emigrar. Un señor, que se acerca a conversar, lo
resume así: en Juárez o te mueres por las balas o te mueres de miedo.

Pero,
seamos justos. Está también la líder social que lucha a contracorriente
para que haya escuelas y guarderías. Las agrupaciones que no se olvidan
de las mujeres asesinadas y sus familias. La muy buena carne asada, las
letras locales, la conciencia de voz propia. El Centro Cultural
Universitario, con un espléndido teatro y librerías y jóvenes. Una
sociedad civil activa, casi heroica, conocedora de su situación, que le
puso cara al ministro del Interior, porque no, no deben ser los
juarenses los únicos regañados: es México y el mundo, que volvieron
convenientemente la mirada mientras se imponía un modelo económico con
resultados inmediatos, pero con terribles, terribles consecuencias
sociales y culturales. Sí, los hijos de la maquila, aquellos que
crecieron solos mientras sus madres, o padres, trabajaban de tiempo
completo. Se suman factores: no es sólo el crimen organizado, no es
sólo la condición de ciudad fronteriza y de paso del Norte, no es sólo
la sociedad desintegrada. Es todo junto, y un poco más.

La imagen
que más se graba: parada en medio de un lodazal, rodeada de casas a
medio construir, se tiene de frente el paisaje urbano de El Paso,
Texas, paradójicamente una de las ciudades más seguras de Estados
Unidos. Casi se pueden tocar los edificios ricos, limpios, arrogantes.
Y no puedes evitar preguntarte si lo de este lado tendrá solución
alguna.

Decía Eugenio Trías que el ser humano se puede considerar
habitante de la frontera, ni de aquí ni de allá, ni animal ni dios,
sino fronterizo o con la cualidad de centauro. Es el límite que define.
Y Juárez no es sólo frontera geográfica. Es ya frontera humana,
espiritual. Es frontera del lenguaje, porque necesitamos sinónimos para
nombrar el miedo.

No quise hablar de política, de las rebatingas
de gobiernos, de la lucha armada. Quise hablar con la gente. Y dejar
que el gemido musical de Neggro Azteca, “no llores, por favor no
llores”, siguiera en su caricia. Caminar estos días por Ciudad Juárez
fue estar de tarde por nuestras fronteras, de los que de ahí son y de
los que llegamos por un rato. Tendré que regresar.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. TeGedora
    Feb 12, 2010 @ 16:39:29

    Hola Ana Isabel.

    Me gustó este artículo de Gaby Warkentin, porque describe como sobreviven (a este extremo se ha llegado) las y los juárenses en el día a día. Hablar y cantar para exorcizar.

    Hablar y cantar para exorcizar….

    Aquí te dejo la canción del Neggro Azteca a la que se refiere Gabriela en su artículo.

    Responder

  2. Ana Isabel
    Feb 12, 2010 @ 17:39:13

    TeGedora:

    Bien dicen que dos cabezas hace más que una sola. Gracias por traerte el video, que ni se me había ocurrido buscar. Realmente es un lamento esta canción.

    Abrazos

    Responder

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