Augusto Chacón, Ilegal, inmoral y no vinculante

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Image by cdsymonds via Flickr

Ilegal, inmoral y no vinculante
Augusto Chacón
06/03/2010
La palabra del momento es vinculante, sobre todo si le anteponemos el adverbio de negación no. No vinculante: que no sujeta a ninguna obligación, y en términos legales: que al dictamen de alguna autoridad judicial o de un organismo autónomo que señala la responsabilidad de una persona, por ejemplo, en la muerte de decenas de niños, no le sigan consecuencias, un castigo o la renuncia.

Lo grave no es que tengamos instituciones, la suprema corte, las comisiones de derechos humanos, que con grandilocuencia, un gasto no despreciable y legalidad vana lancen admoniciones para tratar de amansar a las mujeres y los hombres de buena fe; lo atroz es que inmoralidades evidentes, documentadas y sancionadas con la indignación social, tampoco resultan vinculantes, y no sólo para los políticos, sino para muchos que detentan poder económico, para los jerarcas de la Iglesia católica.

Para Mario Marín, gobernador de Puebla, Ulises Ruiz, de Oaxaca, Eduardo Bours, ex gobernador de Sonora, Juan Molinar, titular de la SCT, por citar a los más conspicuos (no porque sean los únicos), lo que diga la Suprema señalándolos les provoca una especie de catarsis venturosa: libera la presión acumulada en la opinión pública indignada por sus hechos y omisiones; pero como no es vinculante, fin del asunto, cada quien a lo suyo. ¿Y los muertos y los derechos humanos violentados, y el capital social perdido? Menos vinculantes aún. Claro que este no es un estado de cosas que se mantenga en el tiempo, recordemos que hace años lo mismo sucedía con la Comisión Nacional de Derechos Humanos o con la de Jalisco: las recomendaciones servían de castigo moral, se iban directamente a las primeras planas y nos gustaba pensar que algún tipo de vergüenza sentían los recomendados y que andando el tiempo eso iba a convertirse en una revolución ética. No hace falta rematar el párrafo recordando que la tal revolución se conjuró porque las recomendaciones-regaños no son vinculantes, porque perdieron el impacto de lo novedoso y porque luego de la primera oleada de gente con calidad moral al frente, los personajes que llegaron a las comisiones no estaban –no están- como para darle lecciones a nadie. Así se vislumbra el destino para los dictámenes, informes, llamados a misa de una Corte que además ha vuelto pantanosa su calidad ética.

La muerte de los niños en la guardería ABC de Hermosillo no es vinculante para ninguna autoridad, para los dueños, apenas para burócratas víctimas de las circunstancias, tampoco la del niño Miguel Ángel López Rocha en el río Santiago, o la pederastia auspiciada por Mario Marín o la corrupción de Ulises Ruiz. Si queremos establecer algún vínculo de responsabilidad, debemos atravesar intrincados meandros legales, sortear las diversas lecturas que admite cualquier hecho, desenmarañar los discursos oficiales, vencer el influyentismo, esperar a que pasen las elecciones –las que sean- y no fatigarse; si pasamos por todo esto (periplo digno de que lo cante Homero), ya del otro lado, lo más seguro es que nos demos cuenta de que en algún punto perdimos o nos robaron el hilo que conectaría al funcionario con los hechos y tengamos que regresarnos, claudicar o fundar una ONG.

Esta situación entre las autoridades sería menos ardua si pudiéramos afirmar que no ha hecho metástasis, pero… la evidencia de la calidad espiritual de Marcial Maciel no es vinculante para quienes por defenderlo amenazaron, coaccionaron, mintieron, (ahora nomás será cosa de que miren para otro lado); las confesiones de los pactos nada éticos entre el PAN, el gobierno de Calderón, el de Peña Nieto y el PRI, no son vinculantes para César Nava, Beatriz Paredes o Gómez Mont, (nada que no remedie un triunfo, o dos, en las urnas); las masacres en Chihuahua, en Ciudad Juárez, no son vinculantes para el Procurador General de la República, para ningún gobernante, no lo es el deceso inminente del río Santiago.

Antes de reformar al Estado tendríamos que restablecer los fundamentos del pacto social: los crímenes, la corrupción, el encubrimiento son perseguibles y están indeleblemente vinculados a quien detenta un cargo público: no habrá fueros por hacernos de la vista gorda. Reformar sin empezar por esto será estéril, terminará siendo no vinculante.

agustino20@gmail.com
Milenio.com

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Lacrox
    Mar 06, 2010 @ 15:17:14

    No me convence mucho el artículo, pero termina con una perla que me hace olvidar los párrrafos anteriores.

    Reformar el pacto social….es ahí donde debemos centrarnos. Es ahí donde está todo el problema y toda la solución.

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