Arturo Pérez Reverte, “Esa Gentuza”

La siguiente es una carta publicada por el escritor en Febrero de este año.  Se refiere a los diputados españoles pero estoy segura que muchos de nosotros bién podríamos aplicarlo a nuestras “gentuzas esas”.

“Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso.

Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar.

No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica.

No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos.

Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida.

Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza.

Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón.

Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos.

Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes.

Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando.

Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable.

Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores.

Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera.

Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos.

Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire.

Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes.

Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común.

Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo.

Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.”

Fuente: XL Semanal.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. TeGedora
    Abr 14, 2010 @ 09:28:48

    Hola Ana Isabel.

    ¿De dónde dijimos que hablaba?… perfectamente puede aplicarse a nuestros políticos aderezados con los bonos que se administran a la primera de cambio, los gastos excesivos por uso de celular, el seguro de gastos médicos, etc.

    Estaría bueno enviarles esto a los diputadillos.

    Un abrazo.

    Responder

  2. Ana Isabel
    Abr 14, 2010 @ 09:32:57

    ¿Verdad que si? Aunque de poco les importaría porque son cínicos… En España una diputada se indignó mucho con la carta de Pérez Reverte y le contestó muy airada con otra carta, que por cierto, no me interesó poner aquí.

    Abrazos

    Responder

  3. TeGedora
    Abr 14, 2010 @ 10:34:17

    En la columna de ayer de Marcela Gómez Zalce publicó un texto que circula por la red, te lo dejo por aquí, que va de la mano con la incompetencia de las autoridades.

    —Empecemos por repasar un poco de historia de América del Norte y del Sur. ¿Quién dijo “denme la libertad o la muerte”?

    La clase se quedó callada, excepto Susuki. —Lo dijo Patrick Henry en 1775.

    —¡Muy bien!

    —¿Quién dijo “el gobierno del pueblo, para el pueblo no debe desaparecer de la faz de la tierra”?

    De nuevo silencio y la respuesta de Susuki. —Abraham Lincoln, en 1863.

    La maestra asombrada les dice chicos debería darles vergüenza, Susuki es nuevo en nuestro país y sabe más de historia que ustedes…

    La maestra alcanza a oír un susurro. —¡A la mierda con los malditos japoneses! ¿Quién dijo eso?, pregunta la maestra.

    Nuevamente Susuki levanta la mano y dice: General McArthur, en 1942.

    La clase enmudece y un chico espeta: ¡Voy a vomitar!

    La maestra trata de ver al alumno irrespetuoso diciendo: Ya está bien, ¿quién dijo eso?

    Y Susuki contesta: George Bush padre al primer ministro japonés, en 1991.

    El alumno que era el número uno de la clase le gritó: ¡Yo era el primero hasta que llegó este japonés de mierda!

    Y Susuki contesta: Mario Vargas Llosa, en las elecciones peruanas en 1990.

    La clase entra en un estado de histeria colectiva. La maestra se desmaya, cunde el caos…

    Mientras los alumnos se arremolinan alrededor de la desvanecida maestra, uno de ellos exclama: ¡Chingao, la cagamos!¿Y ahora cómo arreglamos este desmadre…?

    Y Susuki responde: Felipe Calderón, Ciudad Juárez, febrero del 2010.

    Responder

  4. TeGedora
    Abr 14, 2010 @ 10:35:01

    Corté el primer párrafo, es este…

    Un niño japonés llega a Estados Unidos y el papá lo inscribe en una escuela… el primer día de clase, la maestra presenta a Susuki, hijo de un empresario japonés, a los chicos de sexto grado. Luego la maestra le dice a los alumnos:

    Responder

  5. Bruja
    Abr 14, 2010 @ 15:09:21

    Aquí materialmente nadamos en gentuza, estan por todos lados .
    Un abrazo Arte-misa y TeGedora .

    P.D. Artemisa, ya extrañaba tu presencia por el blog, pero no hay nada como unas buenas vacaciones.

    Responder

  6. Ana Isabel
    Abr 14, 2010 @ 16:16:00

    Eso de los bosques de cruces de madera me recordó a las muertas de Juárez, ¿verdad?

    Gracias por la información TeGedora y por los abrazos de ambas dos.

    Después de unas buenas vacaciones, otras para descansar de las primeras, jajaja

    Responder

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