Sabina y Jelipillo con su adoquín del Muro de Berlín, Jairo Calixto Albarrán

Política cero

No habrá revolución, es el fin de la utopía, Sabina y Jelipillo juntos en la peluquería. Uno no sabe si reír o llorar viendo a Joaquín fumar la pipa de la paz. Así se colocaron de ánimos los sospechosistas, luego de ver cómo el cantautor había menospreciado a Calderón al llamarlo ingenuo, de pronto aparecía en la cabañita de Los Pinos apurando su tequila y exigiendo su sotol.

Por supuesto, los amos del sospechosismo pando acusaron al maese de traidor, de estar intercambiando con el espurio adoquines del Muro de Berlín, mientra su plática giraba alrededor de cómo Lenin y Sza Sza Gabor se casaban en New York, o hablando de la guerra fría, que viva la bisutería.

Críticos que, habrían ido corriendito a Los Pinos, a la salud de la moral estilo soviet, cambiando por un 14 por ciento la imaginación al poder.

Digo, hay que comprender que Sabina no podía negarse, no sólo para no ser menos que Joan Manuel Serrat que es invitado de honor en todos los países donde va de gira, sino porque aquello era una cuestión de seguridad nacional. Si después de su ácida crítica a la narcoguerra de Jelipillo, siendo además su seguidor más encendido (un derechoso con gustos musicales izquierdistas, órale), el autor de “Juana la loca” no aceptaba reunirse con él, ya de plano el preciso perdería lo que le queda credibilidad. Así, Calderón, un poco harto de poner circos donde no paran de crecerle los enanos, necesitaba la certeza jurídica de que el Sabina ese que canta por lo menos no lo iba a despreciar. Para él era urgente demostrarle al juglar que el rey no va desnudo del todo.

Sobre todo después de que supiera que aquí rifa lo dudoso y que, por ejemplo, cualquier documentación de esas que se supone resguardadas celosamente por las instituciones, puede adquirirse con la mano en la cintura en el municipio autónomo de Tepito. Allí donde seguramente deben estar depositados los caudales informativos del Renaut.

Supongo que, obligado por un tema diplomático y con temor a que se le aplicara el 33 o ser arrojado encuerado en Ciudad Juárez con un letrero que dijera “¡Vivan Los Zetas!”, el poeta tuvo que aposentarse en esa isla sin Robinsones, aguantando la perorata calderónica para justificar una guerra con 22 mil muertos y contando.

Una experiencia que debió ser como de “19 días y 500 noches”. Tanto que Joaquín tuvo que aceptar que el ingenuo era él.

Cada que se enfrenta la KGB contra la CIA, se suicida al final la ideología.

Por eso Calderón prefirió la compañía de Sabina y rechazó la de los padres de la guardería ABC.

www.twitter.com/jairocalixto

jairo.calixto@milenio.com

Reblog this post [with Zemanta]
Anuncios

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Bruja
    Abr 20, 2010 @ 17:12:11

    Si por decirle ingenuo lo invitó a comer a los pinoles, donde se echaron unos alipuses y de seguro cantaron a coro acompañados del mariachi, pues bueeeeeno. Habemos millones que le decímos peores cosas y no trata de convencernos como a Sabina.
    ¡Qué injusta es la vida!

    Qué bueno que invitaste al Jairo a tu blog, siempre es un placer leer sus comentarios . Un Abrazo con mayúscula .

    Responder

  2. Ana Isabel
    Abr 20, 2010 @ 17:21:08

    Y si nos invitara a comer a los Pinoles con mariachi y tequila a cada uno de los que no estamos de acuerdo con su guerra sangrienta y se lo hemos dicho de todas las formas posibles, ya no habría presupuesto para el sindicato de la maestra Chucky (ahora sexo-defensora ).

    Abrazos para tí también…

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: