Avelino Sordo Vilchis: El libro, esa anomalía

Libros de cuero
Image by CUEVA2008 via Flickr

El libro, esa anomalía

Barrio de pasiones

Avelino Sordo Vilchis

Ya tienen bastante kilometraje los rumores sobre la inminente muerte del libro. Recuerdo que allá por la década de los noventa, algunos entusiastas de la tecnología aseguraban que solo era cuestión de un par de años para que desapareciera del mapa, hundido en su anacronía de papel y tinta y vencido por la inconmensurable vastedad de la Internet. Más de diez años después —especialmente en los últimos doce u ocho meses— y bajo el impulso de la aparición de cualquier cantidad de adminículos electrónicos destinados expresamente a enviar al libro a donde reside el olvido, no faltan los que aseguran que ahora si, que finalmente llegó su momento.

Y sin embargo, se mueve. Y no sólo se mueve, sino que al parecer goza de bastante salud, a pesar de que a los ojos de la modernidad en que sobrevivimos, se trata de un objeto anómalo y —si los dejamos— hasta satánico, pues tiende a no respetar las reglas básicas que el sistema ha designado a los objetos: no es algo que se use y luego se tire, no. Un libro no se puede consumir, sino que se debe leer, acto contranatura que requiere de tiempo, concentración y esfuerzo. Y consumir no tiene que ver con tan exóticas y subversivas costumbres. Y si a ello añadimos que un buen libro admite —por no decir exige— diversas reelecturas, resulta el colmo de los colmos.

Y no olvidemos las actualizaciones. El diseño y la moda son las herramientas que el sistema utiliza para mantener la maquinaria funcionando. Así que nos falta ver la sucesión de actualizaciones de los adminículos electrónicos de lectura, que van a ser renovados periódicamente —cada seis o nueve meses—, haciéndolos cada vez más bonitos, con más funciones, con más foquitos y botones, más flacos y livianos, más blancos o más negros, para que sigamos adquiriéndolos y aquello siga su marcha. Y, por supuesto, los nuevos modelos no van a ser compatibles tecnológicamente con los anteriores, por lo que habrá que pensar en renovar todo cada vez: continente y contenidos.

Sin embargo, más allá de si podrán sustituir a ese hermoso objeto que es el libro con los novedosos adminículos electrónicos, estoy convencido de que las cosas van a suceder de manera distinta a la planeada por sus desarrolladores. Los aparatitos, con sus funciones y todas las maravillas que presumen hacer, en realidad son un nuevo medio de expresión y difusión, de manera que no me cuesta trabajo imaginar a una nueva generación de escritores, científicos, editores y diseñadores trabajando con los criterios adecuados para aprovechar las ventajas que ofrece el nuevo medio, realizando una inteligente mezcla de texto, sonido, imagen fija e imágenes en movimiento.

Mientras tanto y tal como lo venimos haciendo desde hace ya nueve años —gracias a la generosidad de empresas que nos apoyan como Pandora o Gonvill— ayer celebramos el Día Mundial del Libro, editando un libro especialmente para la ocasión, que se distribuyó gratuitamente a través de las librerías, porque pensamos que su existencia es de interés público. En esta ocasión, el escritor y periodista Fernando Solana Olivares preparó Los libros, las palabras, las transfiguraciones, texto que resulta difícil de clasificar, por su intencional y bastante bien resuelta voluntad de borrar los límites entre los géneros literarios, pero que se deja leer con todo placer.

Los libros, las palabras, las transfiguraciones es un ensayo que no duda en recurrir a la ficción y a la crónica a fin de lograr un luminoso discurso donde la trascendencia de la palabra en el desarrollo de las civilizaciones, la importancia del libro en la formación de la cultura, las aportaciones de la literatura a la humanidad y lo fundamental del hábito de la lectura —entre muchas otras cosas— adquieren su exacta dimensión. No sé porqué, pero después de leerlo, se me antojó reeditarlo con los nuevos recursos que ofrecen los nuevos adminículos electrónicos de lectura.

Por lo pronto está a nuestro alcance en una hermosa y blanquísima presentación en papel.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Hluot Firthunands
    Abr 29, 2010 @ 10:41:49

    Hola:

    Yo creo que los medios electronicos y los libros van a convivir mucho, mucho tiempo. Al menos en mi caso, leo en los dos y sin problemas.

    Pero no solo se trata de que nos guste el papel impreso, conservar un triste montos de bites en un disco duro es algo muy dificil, al primer virus, apagon, caida del sistema, el archivo se esfuma, desaparece. Los libros aguantan hasta el sol y la lluvia y no requieren de actualizaciones.

    Saludos

    Responder

  2. Ana Isabel
    Abr 29, 2010 @ 10:47:23

    Además del aroma. Me gusta el aroma que despiden cuando los abres.

    Responder

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