11 meses de impunidad para los ángeles en espera

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Image by cdsymonds via Flickr

La siguiente no es una nota reciente, en realidad es una nota de hace casi un año.  Quien la escribió, María Teresa Priego es escritora y columnista de El Universal.  Estoy segura que no le molestará que la publique de nuevo, porque sigue siendo actual.  Y seguirá siéndolo hasta que se haga justicia.

Por “los ángeles en espera”

Por María Teresa Priego
Escritora
Agencia El Universal

“Cada vez que nos dan clases de amnesia/ como si nunca hubieran existido/
los combustibles ojos del alma/ o los labios de la pena huérfana/ cada vez que nos dan clases de amnesia/
y nos conminan a borrar/ la ebriedad del sufrimiento…”
Mario Benedetti

Una madre, un padre, toma a su bebé, a su niña/o en los brazos. Recoge la pañalera. Adentro guarda un objeto preferido por su hija/o. Ese juguete, ese pedacito de tela, ese objeto transaccional que lo acompaña durante las horas que no está en casa. Los papás siempre sabemos cuál es. El que el bebé mordisquea, el que no quiere soltar, el que desea que lo acompañe por las noches en su cama. Deja a su hijo en la guardería. Acude a su centro de trabajo. La vida tiene una lógica. Un orden. El presente y el futuro existen. Aun en medio de las incertidumbres y las dificultades de la vida, los seres humanos vivimos/necesitamos vivir una certeza fundamental. La que nos estructura y nos sostiene: somos una familia. Nos amamos. Estamos juntos. Estamos a salvo.

El 5 de junio de 2009 estalló un incendio en una guardería-bodega. Estalló un incendio en el corazón mismo del más vulnerable de los Méxicos: el de nuestros niños. Una tragedia absurda. Insoportable. De las que no pueden asimilarse. Ni perdonarse. El 26 de junio el hospital Shriners confirmó la última muerte: una niñita de tres años: 48 niños arrebatados a sus familias. A sus futuros. Ya pasó un mes. Es mucho tiempo como periodo “necesario” para que un funcionario entregue una lista de guarderías subrogadas. Es tan breve. Tan abismalmente breve en la vivencia de un duelo.

Los padres de los niños se reúnen, se organizan, realizan marchas. Sufriendo y tan valientes. Tan heridos e intentando jalar hacia adelante. Exigen justicia por los niños muertos. Protección para los aun hospitalizados y para los que tendrán que vivir con tratamientos médicos. Exigen justicia y el Estado está obligado a responderles. A cumplir —trágicamente a destiempo— con sus compromisos más elementales. Pero que a cada una/o de los responsables que les quede muy claro: ¿acaso existe alguna posibilidad de reparar el daño?

En el video grabado en el hospital, un niño con su cuerpo quemado habla de su hermanita muerta. Una siente que los relojes se detienen ante sus palabras. Sí se detuvieron. Esos 48 pequeños relojes interiores que marcaban la intensidad de cada infancia. ¿Qué amaba Daniela? ¿Cómo se reía Andrés Alonso? ¿Quién era la amiguita más querida de Ximena? La cotidianidad de cada familia tiene que reinventarse. En la lucha contra las autoridades. En la lucha íntima para aceptar y procesar una ausencia inaceptable.

“Homenaje a los angelitos de la guardería ABC”, guarda la fotografía de cada uno de los bebés y niños. Con sus nombres (YouTube). Quisiera que los padres sepan que miramos a sus hijas/os. Que repetimos sus nombres. Que en ese frío inmenso de la pérdida los abriga la solidaridad de millones de personas. Quisiera pensar que esa solidaridad dolida y vasta les ayuda. Que los abraza. Que saben y sienten que una fuerza colectiva los sostiene. En sus demandas de justicia y en su dolor. Pero al mirar las imágenes, un niño posa orgulloso con su estrellita en la frente, una niña agita sus ricitos, un pequeñito abraza su mascota, la pregunta repetida aprieta el corazón como un puño impotente y desesperado: ¿acaso existe alguna manera de reparar el daño?

En medio, los dimes y diretes de los funcionarios, de los militantes de partidos. Las especulaciones electoreras. Qué horror. En su comparecencia: “Daniel Karam, director general del IMSS, afirmó que es claro el deber de convertir la tragedia de Hermosillo en una palanca que transforme el sistema de guarderías en México”. ¿Una palanca?: 48 niños muertos tendrían que ser una “palanca” que transforme al país entero. “La dueña de la estancia Niño Feliz, así como la representante legal de la guardería subrogada por el IMSS, pertenecen a la red financiera del capo del cártel de Sinaloa, Ismael El Mayo Zambada, de acuerdo con información del Departamento de Tesoro de EU. Según la lista de guarderías que el IMSS dio a conocer el miércoles, Niño Feliz, SC, opera en Culiacán, Sinaloa, desde noviembre de 2001. En el acta constitutiva, presentada para obtener la subrogación, la dueña era María Teresa Zambada Leyva. Atiende a 209 niños” (Redacción de EL UNIVERSAL).

Me es imposible decir: “Así son los políticos, los funcionarios públicos”, “Qué podríamos esperar de ‘ellos’”, “Es lógico que el narco se infiltre hasta en las guarderías”. No, no es lógico. Es una infamia. No podemos permitir más que “así sean”. Vayamos analizando de uno por uno ¿quiénes son esos “ellos”? ¿Qué lugar ocupan? ¿Cómo llegaron allí? ¿Por qué les permitimos que se queden? El laberinto de la investigación apenas comienza. Y ya llegamos hasta el narco que materna 209 niños.

El doctor Campillo, del hospital CIMA, sugirió —tras su vivencia de atender a los niños en estado de emergencia— un homenaje para los pequeños de la ABC: “Una colecta pública de donación de llaves u objetos de cobre o bronce para la realización de figuras de niños (una por cada niño fallecido) y colocarlas en la plaza. Convocar a los artistas y escultores de la ciudad a donar la realización de las esculturas. Colocar una placa conmemorativa con los nombres de los niños (o adultos) fallecidos (carta publicada en el blog de apoyo ciudadano http://angelesenespera.wordpress.com/, información, vías para aportar donativos, son muy urgentes).

Un in memóriam en bronce, como imaginó el doctor Campillo. Creado con el material colectado por muchas personas. Desde todos los rincones de la República. Con artistas convocados en todo el país. Son tan necesarios —también— los actos simbólicos. “Cada vez que nos dan clases de amnesia”. Cada vez les tendremos que decir que la justicia es lo menos que exigimos. Lo menos. Pero ¿quién puede borrar la vivencia, la memoria del daño infligido?

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. TeGedora
    May 07, 2010 @ 12:05:57

    Ana Isabel, no recordaba esta columna, gracias por recuperarla y traerla.

    Puedes creer que casi un año después seguimos en las mismas, sazonado con impunidad, el rompimiento del grupo de padres y la apuesta de las autoridades al olvido.

    Un abrazo para tí para tejer, que se vuelve indispensable en estos tiempos.

    Responder

  2. Ana Isabel
    May 07, 2010 @ 12:09:53

    Lo recuperé de la estratosfera para traerlo aquí. Me gustó mucho cuando lo escribió y me sigue gustando ahora.

    Te deja con un nudo en la garganta, ¿verdad?

    Responder

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