Responsables, involucrados, impunes

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Image by AlanGradilla via Flickr

Augusto Chacón

  • 2010-06-19
  • Ah, qué caray! La Suprema Corte de Justicia de la Nación está acotada por la Constitución y no pudo ir a más en su pronunciamiento sobre los niños muertos y los lesionados por el incendio en una guardería que estaba bajo la tutela de los tres niveles de gobierno: federal, el de Sonora y el de Hermosillo; aun así concluyó que en el caso hubo “violaciones graves a las garantías individuales” de parte de siete funcionarios; debemos inferir que seguramente los siete engañaron a sus inocentes superiores respecto con sus verdaderas habilidades y competencias. Pero con todo y lo contundente de la determinación, resulta que para la Corte no hubo responsables sino “involucrados” (dice la Real Academia Española de involucrar: complicar a alguien en un asunto, comprometiéndolo en él), con todo y que su dictamen no sería vinculante. Lástima: el eufemístico sistema legal mexicano no permitirá que inscribamos en la historia de los crímenes que avergüenzan a la humanidad los nombres de los personajes señalados por la Suprema Corte; mientras los más célebres transgresores de los derechos humanos cargarán por toda la eternidad con la responsabilidad de sus actos, los de acá se quedarán en un limbo inocuo para ellos, pues según el más alto tribunal del país son-están apenas “involucrados”. Aunque si de involucrados se trata, la Corte dejó a un lado a los originales: las víctimas del incendio; refiere la Real Academia Española sobre involucrar: “del latín involucrum, envoltura”: los funcionarios involucrados en el terso algodón de la trama de complicidades y los niños en las llamas, muertos y heridos dos veces, el 5 de junio de 2009 y el 16 de junio de 2010.

    Lástima, el dictamen del ministro Zaldívar fue desechado, apostó fuerte para apuntalar la calidad moral de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y perdió, perdimos. Dos muestras del lodo que cubrió la faz del máximo tribunal, dos declaraciones del ministro presidente Ortiz Mayagoitia: se mostró como un legalista a ultranza pero afirmó en uno de sus alegatos que no existe prueba de que en algunas estancias del sistema de guarderías del IMSS haya algo malo ni que los usuarios hayan protestado por estas causas, y además afirmó: la Corte no culpa ni exonera a nadie. (Público, 17 de junio de 2010). Usuarios no únicamente de las guarderías, de todos los servicios del Seguro Social, uníos, tómenle la palabra a Ortiz Mayagoitia y manden sus quejas a la Suprema Corte (http://www.scjn.gob.mx) con copia para su medio de comunicación favorito, y ya entrados: enviemos al mismo sitio nuestro pesar por el incendio intelectual que consumió a la justicia -de por sí poca- en el Poder Judicial; se sospecha que los ministros están involucrados.

    Y a lo que sigue, pero curados de espanto y armados del muy mexicano escepticismo hacia las instituciones: tomemos con cautela la recomendación que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) envió a la Secretaría de la Defensa; en ella señala a miembros del Ejército como responsables directos por el ataque a una familia en Tamaulipas en el que murieron dos niños, y no es todo: también acusa a los militares de alterar la escena de los sucesos y de obstruir la investigación. Sorprende el contenido de la recomendación y admira que a la CNDH le bastaron dos meses para emitirla; es tan… (estuve a punto de escribir grave, pero la Suprema Corte diluyó el sentido del calificativo), es tan serio lo que señala el ombudsman nacional, es inusitado, que nos conviene no darle vuelo a las expectativas y, además, por el bien de la defensa de los derechos humanos, nos conviene que la investigación en que se sustenta la recomendación esté bien hecha. El Ejército artero disparó a ciudadanos e insinúa la CNDH que modificó la escena del crimen en su beneficio, que mintió. Las imputaciones no son minucias.

    Bienvenido el futbol y su relevancia en el ánimo social: once juegan a nombre del país y nos representan, así sea nomás para efectos futbolísticos; si lo hacen bien, lo disfrutamos, si lo hacen mal, tenemos a quien responsabilizar y más: cualquiera emite su opinión sapiente al respecto y se percibe en el centro del tema. Cosa que no sucede en las áreas políticas más significativas: los que debían representarnos juegan sólo para ellos, no hay manera de hacer a alguno responsable y no les gusta que cuestionemos su hacer, aunque pretenden hacernos creer que la alineación la elegimos nosotros.

    agustino20@gmail.com

    Milenio Diario, S.A. de C.V. 2010

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