ENTREVISTA MIGUEL LORENTE ACOSTA

Esta es una entrevista publicada en el diario El País y habla sobre la violencia en España.  Resulta interesante ver cómo se han preocupado en ese país para conocer las razones de la violencia contra la mujer.
Ayer en Guadalajara, un hombre de 20 años lanzó por la ventana del departamento situado en  un tercer piso a su novia.  No le gustó que ella estuviera con un amigo…  Ella no murió, tiene múltiples fracturas.  Él fué detenido y esperemos que no cuente con conocidos que lo dejen libre para terminar su acto.


‘Los hombres han aprendido a mirarse en el espejo, pero no a mirarse’

RAFAEL RUIZ 01/08/2010

Es médico forense y delegado del Gobierno para la Violencia
de Género. El aumento del número de mujeres asesinadas ha disparado las
críticas y las alarmas. Él continúa el combate: “El maltratador da a su
pareja lo justo para vivir, pero poda cualquier intento de crecer como
persona”.

En los días anteriores a entrevistarle, hombres y mujeres
especializados en psicología, sociología y trabajo social, mujeres y
hombres involucrados en la lucha por la igualdad y contra la violencia
de género, me hablaron maravillas de este hombre, que lleva toda la
década dando la cara en un tema que levanta tanta sensibilidades;
maravillas de su talante, de sus conocimientos y de su capacidad para
acotar el problema y explicarlo. Algo muy distinto de las
descalificaciones contra él vertidas en campañas sin piedad, por ejemplo
en la Red. Está claro que Miguel Lorente Acosta levanta pasiones, en
buena medida por el cargo que ocupa.

Miguel Lorente Acosta, durante un viaje a Egipto en 1984

Miguel Lorente Acosta, durante un viaje a Egipto en 1984-

“Matar no es fácil, pero preferimos explicaciones que no inquieten”

“No me gusta hablar de machismo, sino de problemas de patrón cultural”
En lo que llevamos de año, 38 mujeres han muerto a
manos de sus compañeros o ex compañeros por violencia de género en
España (la entrevista se hizo el 14 de julio; al cierre de esta revista,
el número ya era de 41 mujeres). ¿Una cifra preocupante que muestra un
repunte en las agresiones machistas?

Perder vidas
siempre es preocupante. Respecto al año pasado hay 11 casos más en ese
tiempo. Pero no basta la comparación con solo un año. Desde que hay un
seguimiento estadístico fiable, desde 2003, la media de víctimas
mortales en ese periodo es 35, este año han sido 38. Eso ya lo matiza un
poco más. Es un incremento relativo. En 2009, por ejemplo, hubo una
acumulación de casos en la tercera semana de julio. En cualquier caso,
más allá de los números, mientras haya hombres que sigan entendiendo la
relación de pareja como una relación de dominio, de control, de poder,
estamos ante algo preocupante.

En la primera semana de julio se concentraron cinco muertes. ¿Hay un incremento de estas agresiones en verano?

El
calor puede ser uno más de los factores estresantes ante conflictos que
acentúe la agresividad, la irascibilidad. Pero más que el calor, lo que
influye es el aumentode la convivencia. La rutina resuelve muchos
conflictos por la propia dinámica. Además, desde el punto de vista
emocional también hay una percepción de fin de curso; de que eso se
resuelve antes del verano o que no se va a resolver. Eso influye en el
uso de la violencia.

Miguel Lorente es médico forense; por oficio,
está acostumbrado a ser muy analítico. Así que sus contestaciones están
tan llenas de frases subordinadas y explicaciones, que a la fuerza hay
que condensarle, a costa de perder algún gramo de exactitud. Sucede con
la explicación de la violencia en verano; no se queda a gusto y la sigue
desarrollando:

“No olvidemos nunca que estas conductas nacen de
una premeditación. Cuando analizas cada caso, ves que se han ido tomando
muchas decisiones encaminadas a cometer el homicidio. No es algo fruto
de un ataque repentino. Matar no es fácil; hay una planificación. Lo que
sucede es que la sociedad intenta explicarse lo inexplicable. Si buscas
el sentido a esos crímenes en la desigualdad, el dominio, el
patriarcado, el sometimiento de la mujer, eso te remueve por dentro y
piensas: jolín, entonces yo debo adoptar alguna acción para evitar que
esto siga ocurriendo. Es más fácil recurrir a los elementos que tu
propia cultura te ha dado para resolver ese conflicto. Decir que en el
episodio incidieron el alcohol, las drogas, un nivel cultural bajo, que
eran inmigrantes… Ese tipo de justificaciones las sigue dando el
60%-70% de la población española. Antes era el 90%. Se sigue utilizando
ese recurso de manera natural para dar una explicación que no nos genere
demasiada inquietud”.

Recurrimos
a ese recurso de buscar explicaciones que no nos perturben demasiado.
De ahí el choque emocional, la incomodidad que provoca el título de uno
de sus libros: ‘Mi marido me pega lo normal’.

Sí.
Esa frase es real, e incluso frecuente. Y yo la escuché seguida de esta
otra: “Pero esta vez se ha pasado y quiero denunciarlo”.

¿Somos más machistas en España que en otros países europeos?

No.
Lo que pasa es que somos el único país de Europa que conoce realmente
la violencia de género y la situación social vinculada al machismo.
Durante la presidencia española de la UE me he reunido con mis homólogos
de los otros 26 países, y he comprobado que no saben realmente cuántas
mujeres se les mueren por violencia de género. Algunos tienen cosas
interesantes, pero en el conocimiento integral, global, de acercarnos a
la violencia de género que parte de un contexto social y cultural, en
eso estamos los primeros. Ir a las raíces, ir al origen, es una apuesta
muy compleja, que levanta muchas resistencias. A menudo digo que no me
gusta hablar de machismo, porque puede dar la sensación de que es el
problema de unos pocos que actúan en exceso, y no es eso; prefiero
hablar de un problema de patriarcado, de un patrón cultural y social
basado en la desigualdad.

¿Las nuevas generaciones están cambiando?

Hemos
hecho un estudio con adolescentes, y un 13% de las chicas todavía ve
normales las conductas de control, de insulto, de humillación, incluso
las agresiones leves o coacciones; por ejemplo, limitar el contacto con
las amigas. Hay cierta normalidad en el recurso a la violencia. Si se
pregunta a los chicos de 16 a 18 años si ven correcto responder con
violencia al intento de quitarles algo que consideran suyo, el 23%
contesta que sí. El 33% de los chicos y el 26% de las chicas asocian
celos con amor. Todavía el 10% de los chicos y el 7% de las chicas dicen
que el hombre que parece agresivo es más atractivo.

Vuelve a
diseccionar la pieza. No se queda tranquilo. Y sigue hablando, rápido,
pero con precisión, con inflexiones pedagógicas, encadenando argumentos:

“Es
como esa otra frase que también he escuchado: ‘Mi marido nunca me ha
pegado, pero es que tampoco le he dado motivos’. Así es como se asumen
roles, funciones… A la mujer le sigue dando valor ser buena madre, ser
buena esposa, ser buena ama de casa, aunque luego también trabaje. Si
una mujer es una buena profesional, pero descuida a sus hijos, dirán:
sí, sí, es muy buena médica, muy buena política, pero, fíjate, sus hijos
han estado en colegios internos; ha fallado en lo esencial. Al padre no
se le pide eso. Si la mujer asume ese rol y asume que hay una especie
de controlador doméstico, para decir sí o no, para corregir, si está
sometida, podríamos pensar que ya no hay necesidad de recurrir a la
violencia. Pues incluso así puede aparecer la violencia. Porque cuanto
más injusto es el mandar, más sensación de poder te da. Mandar lo que es
correcto no da sensación de poder, pero mandar una cosa injusta da
mucha”.

¿Cómo ve la animadversión que levanta el Ministerio de Igualdad en diversos sectores? ¿Les ha sorprendido?, ¿se lo esperaban?

Más
que la resistencia, lo que sorprende es que se haya elevadoa un frente
mediático y político. Que haya gente que esté en contra de la igualdad
porque no es consciente de que hay desigualdad puede sorprender. Pero lo
realmente preocupante es que hagan de esa situación un elemento crítico
de ataque o de banalización hacia este ministerio. Te das cuenta de que
eso no nace de una reflexión racional, sino de un rechazo hacia algo
que genera incomodidad porque es un ataque a posiciones dominantes.

Ya,
pero cuando dice que criticar la Ley de Violencia de Género puede
contribuir a que haya más víctimas, ¿no es una defensa demasiado
demagógica?

Claro que las leyes pueden ser
criticadas si no se comparten, pero la argumentación ha de basarse en
elementos objetivos. Pero si dices que la Ley Integral de Violencia de
Género produce más víctimas porque actúa contra los hombres, sin más
argumentos, eso en el fondo sí sirve para que muchos hombres se sientan
atacados. Es lo mismo que cuando un hombre trata de justificar su
comportamiento violento diciendo: “Es que mi mujer se empeña en llevarme
la contraria”. Sienten que van contra ellos, que todo este
planteamiento es algo que está solo en manos de unas cuantas mujeres,
las feministas… Y puede que el hombre violento, el que está pensando
en llevar a cabo una agresión contra su mujer, cuando ve que hay
elementos que refuerzan su posición, se sienta más seguro.

¿También
puede influir el creciente debate sobre las denuncias falsas
presentadas por las mujeres para supuestamente conseguir ventajas ante
un divorcio?

No son elementos decisivos, pero sí
factores que interactúan. Son elementos que refuerzan o cuestionan las
posiciones del hombre que se siente dominante. Decir que hay muchas
denuncias falsas es un argumento que ha empezado este año con mucha
fuerza y seguimiento mediático, incluso por parte de jueces y
representantes institucionales, no por casualidad, sino de forma
orquestada, contra la ley. Como se les vino abajo el argumento de que,
desde la creación del Ministerio de Igualdad y la promulgación de la Ley
de Violencia de Género, cada vez se mataba más, que la ley y el
ministerio no servían para nada, ahora atacan por otro lado. Cuando se
dice que hay un aluvión de denuncias falsas, están cuestionando la
credibilidad de la mujer.

Ahora estamos en
unas 32.000 denuncias por violencia de género al trimestre, en torno a
un 10% menos que en los dos años anteriores. Además, entre las víctimas
mortales de este año, el 85% no había denunciado…

Sí.
Las denuncias han caído, a pesar de las campañas. Cuando tú le dices a
la mujer que hay mucha denuncia falsa, la mujer, que ya de por sí tiene
dudas, se retrae.

Porque la mujer sometida
durante largo tiempo a maltrato psicológico o/y físico tiene la
autoestima por los suelos, a menudo se llega a creer que se merece lo
que le pasa. Incluso crea lazos de dependencia respecto a ese hombre. Le
he oído hablar a usted del ‘efecto bonsái’. ¿Nos explica en qué
consiste?

Un bonsái no es un árbol que no crezca,
sino un árbol al que se le impide crecer, al que se le van cortando
ramas y raíces para que no se desarrolle. Es lo que hace el maltratador.
Cuando su pareja intenta crecer como persona, él se encarga de podar
eso, pero al mismo tiempo da las justas dosis de cariño para que no
muera. La propia mujer se nota impotente, pero como recibe lo que
necesita para seguir viviendo, crea una relación de dependencia. Depende
de la misma persona que la anula. Y llega a creer que sin él no va a
poder vivir. Para poder desarrollarse, para poder crecer, necesita un
proceso de adaptación. Como el bonsái; si lo sacamos de su mínima maceta
y lo plantamos en el jardín, se muere, porque ni siquiera tiene raíces
para profundizar buscando agua en el suelo.

¿Hay un perfil-tipo del agresor?

Yo
siempre digo que todos los agresores responden a tres características:
es hombre, varón y del sexo masculino. Su referencia cultural está
basada en la imposición, en “porque lo digo yo” y “aquí hay que poner
orden”. Hay comportamientos en los que coinciden, pero no se puede
establecer un retrato-robot. Entre los que han acabado con la vida de su
pareja, prácticamente todos o se suicidan o se entregan. Los que se
suicidan suelen ser personas integradas en la sociedad, se llevan bien
con el entorno y no quieren ser juzgados, huyen de ser cuestionados por
ese entorno. Los que se entregan, sin embargo, están menos integrados y
no temen ese rechazo, incluso creen que lo que han hecho les da mayor
integridad como hombres.

Sigamos con las
estadísticas de este año. El 37% de las víctimas eran inmigrantes,
frente al 10% de porcentaje en la población total. ¿Puede esto dar
argumentos a algunos españoles para decir: nosotros lo hacemos cada vez
mejor, este problema no va con nosotros?

La
violencia hay que entenderla contra las mujeres, da igual que sean
inmigrantes… Es como una enfermedad epidémica. El tratamiento debe ser
global. Respecto a la población inmigrante, hay un factor interesante a
analizar. Proceden de sociedades con un entramado cultural de mayor
intensidad machista, con roles más definidos y obligados. En España
sesuele producir lo que se llama una velocidad de integración
asimétrica; las mujeres se suelen integrar antes que los hombres, porque
establecen más redes sociales, basadas en el afecto, la confianza, el
intercambio; el hombre suele tener relaciones más superficiales. Así, la
mujer puede cuestionar más rápidamente las conductas impuestas por la
cultura de origen. Eso ellos lo viven como una agresión y refuerza su
posición de que deben hacer algo para mantener su rol dominante.

Además, casi la mitad de las mujeres asesinadas eran mayores de 50.

Es
un sector de población al que nos resulta más difícil llegar. Además,
tienen muy interiorizada su idea de lo que es una pareja. Un hombre de
60 años no suele estar dispuesto a que su mujer lo deje.

Miguel,
¿cómo sale un hombre así, como usted, habiendo nacido en 1962 en Serón,
un pueblo de Almería? ¿Cómo era su entorno familiar cuando usted era
niño?

Mis padres siempre se han comportado de una
forma muy abierta, intentando dejarnos mucho espacio. Somos cuatro, tres
chicos y una chica. Mi padre, médico de pueblo, siempre ha sido
bastante tradicional. Un señor no violento, pero que responde totalmente
a la figura del padre de familia que tiene la última palabra. Mi madre
sí era más de darnos libertad, de que asumiéramos nosotros
responsabilidades.

¿De pequeño ya era usted así?

[Risas].
La primera sensación o idea de igualdad que yo tengo fue en la primera
comunión, con siete años. El cura nos dijo que después de comulgar
teníamos que ir a nuestro sitio, arrodillarnos y rezarle un padrenuestro
al Señor. Y yo pregunté: “Bueno, ¿y por qué no rezarle también un
avemaría a la Virgen?”. Que no, niño, cállate ya… Que vas a tu sitio y
le rezas un padrenuestro al Señor…”. Y yo me dije: “Bueno, pues yo
también le voy a rezar un avemaría a la Virgen.

¿Recuerda alguna otra experiencia que le marcara en su concienciación contra la desigualdad?

Yo
siempre cuestioné lo que era el comportamiento chico/chica en el
pueblo. Estuve interno cuatro años en los Maristas y luego fui a Olula
del Río (Almería), donde vivían mis padres, ya para ir al instituto, con
14 o 15 años. Tras cuatro años de internado, yo no sabía muy bien cómo
iba el trato con las chicas… Y recuerdo que mis amigos me decían cómo
ligar en la discoteca, que al bailar en las lentas había que bajar la
mano por la espalda. Era todo un protocolo. Me contaban: Ella te dirá:
vamos a tomar algo. Tú te vas a tomar algo. Y luego tienes que decir:
vamos a bailar otra vez. Y si te dice que sí, ya tienes que ir a por
todas, porque ella ya sabe a lo que va”. Y yo decía: “Qué tontería,
igual lo que quiere es seguir bailando y ya está. Y ellos me decían:
“No, no, no. En ese sentido, he visto que muchas cosas yo no las
compartía.

¿A su mujer la conoció así, bajando la mano por la espalda en una discoteca?

No,
no. Fue estudiando Medicina. Ella es de Jaén. Los tres hermanos
estábamos estudiando Medicina en Granada. Y mi mujer se alojaba en una
residencia de monjas en el mismo edificio donde mis padres tenían el
piso y nos quedábamos los tres hermanos.

Ahora
ella sigue viviendo en Jaén… Y sus dos hijos, también. Le pueden
decir que así, en la distancia, es fácil no tener roces con la pareja…

No hay conflicto porque hay decisión mutua de
hacer lo que estoy haciendo. Yo siempre he comentado que yo no podría
ser director general de Obras Públicas. Esto lo hago porque creo en
ello, para contribuir a un proceso social con el que podemos avanzar
hacia una sociedad mejor, que es la que conocerán mis hijos.

Se
ha ganado un grupo grande de enemigos a costa del SAP, el llamado
síndrome de alienación parental. Les llaman, incluyendo a la ministra de
Igualdad, Bibiana Aído, y a usted, las ‘femilistas’.

El
SAP parte de un neomito que fuerza la idea de que las mujeres son
manipuladoras. Vuelve a salir el posmachismo. Para mantener la posición
dominante que ven amenazada ante las separaciones, muchos hombres, que
no pueden soportar verse lejos de lo que consideran exclusivamente
su casa,
lo sienten como un ataque a su posición y empiezan a elaborar
argumentos, a identificar problemas. Y uno de ellos es el SAP, que nace
en EE UU y aquí llega con mucha fuerza. El SAP supuestamente señala a la
mujer que manipula a los niños para que no quieran ver al padre. Pero
eso es sencillamente imposible; si el padre ha sido un buen padre,
quitarle a un niño su sentimiento hacia ese buen padre, hacerle pensar
de forma distinta a lo que siente por indicación de la madre es
imposible. Científicamente eso no existe.Con lo cual, yo creo que no se
pueden tomar decisiones judiciales a partir de algo que científicamente
no está demostrado. Pero ya hay sentencias en contra de las madres por
el SAP. Y el SAP es perverso. Porque sirve para explicar cualquier cosa
con los niños, diciendo que tienen SAP. Y se les obliga a terapias
compulsivas, se les trata a la fuerza, porque, si no, incluso le pueden
quitar la custodia a la madre. Y se están cometiendo auténticas
barbaridades. Hay bastantes sentencias, y están haciendo mucho daño. Hay
un caso en Andalucía de una madre, víctima de violencia, en el que él
es condenado por maltrato, se fija un régimen de visitas, surge un
problema en los puntos de encuentro, y al final la culpa es de la madre,
sale el SAP y el juez le quita la custodia y se la da al padre. Es
perverso. Que una madre desobedezca al juez y no lleve al niño al punto
de encuentro es suficiente para que el niño deje de ver a la madre; en
cambio, que un padre maltrate a una madre no es ser un mal padre.
Desobedecer al juez es más grave que pegarle a la madre. Ese es el
mensaje que se envía a la sociedad.

Usted ha dicho que la custodia compartida es más idílica que idónea.

La
custodia compartida implica que los progenitores, padre y madre, se
ponen de acuerdo en todo. Tienes que tomar decisiones consensuadas,
habladas. Pero si eso es impuesto, ¿a quién va a beneficiar? Estoy a
favor siempre que haya consenso, voluntad y condiciones; pero no por
razones económicas, que es lo que hay a menudo detrás. Dicen: esto es la
igualdad de verdad. Pero, vamos a ver, si uno no ha ejercido la
paternidad responsable durante la fase en que han estado conviviendo, no
puede reivindicarla en nombre de la igualdad cuando llega la
separación. Los hombres han aprendido a mirarse al espejo, pero no a
mirarse; necesitan dar un paso más.

Y usted se ha convertido en una bestia negra para machistas y posmachistas…

Les
molesta mucho que se den argumentos serios y coherentes. Estaban
acostumbrados a usar la descalificación de esto es un asunto de cuatro
mujeres, de cuatro feministas. El hecho de que haya hombres, que yo sea
hombre, les molesta aún más. Por eso a mí me tienen esa especial
animadversión.

Trabajó en el FBI en los años noventa. ¿Qué hacía allí?

Era
una especie de beca de investigación. En la parte forense. Allí
desarrollé cosas muy interesantes. Y ahí fue cuando entré en contacto
con toda la investigación de la Sábana Santa.

En sus libros 42 días y El predicador, Lorente
Acosta desarrolla una teoría interesante sobre la vida de Jesucristo.
Pero al pedirle que la explique, vuelve a salir, ahora más que nunca, el
médico forense. La contestación se alarga durante 20 minutos en un
encaje de explicaciones casi imposible de interrumpir. Y de reproducir
aquí por escrito. Comienza así: “Al estudiar la imagen de la Sábana
Santa, el forense ve cosas que no ve un historiador o un químico. Yo
detecté signos incompatibles con que esa persona estuviera muerta y
compatibles con que estuviera viva, lo que refuerza la hipótesis de que
la persona que fue envuelta por la Sábana Santa estaba viva. Era una
situación de muerte aparente”.

Luego lo que viene a contar es que
Jesús salió de ese coma y siguió viviendo en Galilea, con las manos
paralizadas, con secuelas evidentes por la crucifixión, sin poder andar,
oculto, en secreto, pero organizando e influyendo decisivamente en el
movimiento de los primeros cristianos…

¿Qué opina del uso del ‘burka’ por las mujeres islámicas en los países europeos?, ¿se debe regular?

El burka es
contrario a la dignidad de la mujer, pero la forma de hacerlo
desaparecer no es prohibiéndolo. Si una persona está vinculada al uso de
una prenda que atenta contra su dignidad, tenemos que hacerle ver que
eso atenta contra su dignidad ytenemos que modificarlo. Hemos de hacer
una reflexión más profunda y evitar que haya un debate superficial.

Efecto
llamada, efecto imitación. ¿Cómo lo estamos haciendo los medios de
comunicación, cómo estamos informando sobre los casos más graves de
maltrato a las mujeres?

La violencia de género ha
existido gracias a su invisibilidad. La información es básica para
romper con esas pautas y esos siglos de comportamiento. Pero estamos
detectando hace años que hay acumulación de casos a partir de uno. Por
un efecto de repetición. En violencia de género se ha diagnosticado que
la información que se está dando no es del todo la más adecuada, porque
se entra mucho en los detalles, lo anecdótico, lo morboso, en aquello
que tiende a justificar. Todo eso, además de generar conciencia crítica,
llega también a los maltratadores. Tenemos que mejorar y alcanzar un
consenso sobre cómo dar esa información, y evitar al máximo ese efecto
de paso a la acción.

Diseccionador de la violencia

Miguel Lorente Acosta (así, con los dos apellidos, porque le
gusta reivindicar a su madre) nació en octubre de 1962 en Serón
(Almería). Su padre era médico rural, así que pasó su infancia y
adolescencia en diversas localidades, siguiendo los destinos del padre.
Está casado y tiene dos hijos, de 15 y nueve años. En la fotografía,
durante un viaje a Egipto en 1984.

En abril de 2008 fue
nombrado delegado del Gobierno para la Violencia de Género, adscrito al
Ministerio de Igualdad. Venía de la Dirección General de Asistencia
Jurídica a Víctimas de Violencia de Andalucía.

Entre sus sesenta publicaciones destacan Mi marido me pega lo normal, El rompecabezas. Anatomía del maltratador y Los nuevos hombres nuevos, sobre
violencia de género, desigualdad y el patrón patriarcal de la sociedad.
Sobre Jesucristo y sus investigaciones de la Sábana Santa tratan 42 días y La mano del predicador.

entrevista publicada en: http://www.elpais.com/articulo/portada/hombres/han/aprendido/mirarse/espejo/mirarse/elpepusoceps/20100801elpepspor_7/Tes

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Menospausas
    Ago 04, 2010 @ 21:16:18

    Cuando se habla de violencia de género en España, que si va creciendo, o al menos se denuncia….por obligación tienen que poner en la tele el número de atención.

    En México años luz o peor aún, cual cangrejos…ya ni siquiera es noticia una agresión contra la mujer…terrible que dejamos de hablar de los feminicidios en Juárez ¿O nunca se hablo seriamente?

    Un abrazo Ana Isabel

    Responder

  2. Menospausas
    Ago 04, 2010 @ 21:19:51

    Perdón, perdón pero además no se porqué no siguen pasando los anuncios de inmujeres….porqué no dedican espacios para anunciar dónde y cómo presentar una queja contra la violencia.

    ¿Se enojo y la tiro? Caray, yo también espero que pase un buen rato en la cárcel ¿Pero cuanto tiempo estará penado esto?

    Ahora si, buenas noches.

    Responder

  3. Ana Isabel
    Ago 05, 2010 @ 09:40:00

    En este enlace podrán encontrr la nota de ayer. Es escalofriante la historia. Ahora como lo dije anteriormente, esperemos que el sujeto realmente pague por el intento de homicidio…

    http://www.oem.com.mx/eloccidental/notas/n1732947.htm

    Responder

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