El retorno de los nostálgicos

Por el Estado Laico
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El retorno de los nostálgicos

de Avelino Sordo Vilchis, el El Lunes, 30 de agosto de 2010 a las 11:04

El estado laico es indispensable para la democracia. Lo es por lo menos para aquello que los habitantes de la civilización occidental consideramos democracia. La alternativa es un estado religioso o confesional, como algunos que existen en el mundo o, incluso, como lo fueron en sus orígenes las naciones que conforman la tradición occidental. Aquí vale la pena aclarar que, contrario a lo que dicen creer y les encanta divulgar a algunos curas de pueblo y editorialistas ultramontanos, el carácter laico del estado no es sinónimo de perseguidor o enemigo de la religión: en realidad se refiere a un gobierno que tutela y defiende la libertad de creencias de sus ciudadanos.

El carácter laico del estado moderno occidental es resultado de un claro proceso histórico y no un invento de Satanás o algo por el estilo. Sus albores pueden ser ubicados aún en el medievo, cuando la creencia religiosa era una y obligatoria. Los poderes terrenales de Europa occidental estaban subordinados a la iglesia católica, que sancionaba toda actividad humana. La teoría señalaba que la soberanía emanaba del mismísimo Dios, lo que de por sí entrañaba bastantes dificultades, puesto que, para expresar su voluntad, el soberano requería de intérpretes y representantes: nada más y nada menos que los jerarcas de la iglesia católica, pues, ¿quién creían ustedes?

Los excesos y el pésimo gobierno de los intérpretes y representantes de Dios, generaron tensiones entre la iglesia y los poderes civiles —tampoco eran unas blancas palomitas— que derivaron en el cuestionamiento del poder terrenal de la iglesia. Con el Renacimiento, vino la Reforma de Lutero, que estableció un nuevo orden en el que la iglesia católica ya no usufructaba el monopolio sobre las actividades humanas. A partir de ahí , notoriamente en el Siglo de las Luces, la noción de que la soberanía de los gobiernos residía en Dios cambió gradualmente hasta llegar a la moderna y republicana soberanía que reside en el pueblo, lo que también ofrece algunos problemas insalvables.

En México las cosas fueron diferentes, aunque con resultados similares. Una de las consecuencias de la conquista, entre muchas, fue la imposición a sangre y fuego de la religión católica como única y obligatoria. Desde ahí empezamos mal. Siglos después, ya como país independiente y en nuestra búsqueda de la modernización y de las libertades civiles —en la segunda mitad del siglo XIX— se declaró el estado laico, lo que provocó una sangrienta guerra y hasta el intento de imponernos una monarquía católica desde ultramar. Perdieron. En el siglo XX el país todavía tuvo que padecer la guerra cristera, pues los necios andaban nostálgicos. De nuevo perdieron.

Así, el estado laico —aquel que garantiza la libertad de conciencia— nos ha costado a los mexicanos dos guerras y sabrá Dios cuántos muertos. No obstante, aún quedan nostálgicos que sueñan con el retorno al siglo X y parecen no percatarse de que a todos —católicos, budistas y marxistas-mandraquistas— nos conviene la libertad de creencias que garantiza el estado laico. Y necean con sus sofismas como aquel de que si el noventa por ciento de los mexicanos son católicos, pues entonces el estado tendría que ser católico. (habría que ver si esos «católicos» quieran un gobierno católico, sin contar con el derecho del restante diez por ciento, que también tiene vela en el entierro).

Otro sofisma que les he escuchado a algunos curas cultos, es aquel de que la educación, al ser laica es libre y como la mayoría —otra vez— de los mexicanos son católicos, la educación tendría que ser católica. Ahora que los que de plano se vuelan la barda por burdos, son los que aseguran —los que ya ni buscan un sofisma— que los insultos y las calumnias del Cardenal están protegidos por la Constitución (si, la misma que define al estado mexicano como laico), o los que dicen tener la certeza de que noventa millones de mexicanos creen a ciegas en todas las necedades que declara el Cardenal.

Tan sencillo que es dar al César lo que es del César y a Dios que te vaya bien.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. bruja7escarlata
    Sep 07, 2010 @ 16:05:07

    Responder

  2. bruja7escarlata
    Sep 07, 2010 @ 16:07:22

    Me pareció buena la foto del obispo, muy de acuerdo con el artículo de Avelino. Es de Vlado Mach (So nein)
    Un abrazo!

    Responder

  3. Ana Isabel
    Sep 07, 2010 @ 17:00:05

    La voy a incluír abajo de la entrada. Gracias Bruxa…

    Responder

  4. TeGedora
    Sep 11, 2010 @ 19:34:52

    Excelente columna y el cartón esta delicioso

    Besos a las dos

    Responder

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