Una historia distinta, Augusto Chacón

The University of Guadalajara in Guadalajara, ...
Image via Wikipedia

tomado de: http://www.milenio.com

La Universidad de Guadalajara es para Jalisco como el tequila: de manera absoluta, y también relativa, representan al estado y sus habitantes. La bebida del mezcal, fuente de divisas y de empleos, dadora de identidad, textura agarrosa, espíritu festivo y melancólico, es más que los efectos de su alcohol, no es necesario consumirla: basta invocarla para que prefigure una geografía, un carácter, una postura ante las cosas. Cada quien conoce un tequila mejor, único, bebida-idea: hay una para cada quien, para cada intención. Pido un tequila y afirmo algo más que mi voluntad por beber. La Universidad de Guadalajara, historia de muertos y de vivos y de vivales, de libros y de arte, de política y de grilla, también de educación; de complicidades vergonzantes con el gobierno y de autonomía de cuando en cuando, de rupturas internas que también son externas, de cacicazgos ejercidos democráticamente y aceptados por convicción. La UdeG emprendedora que se reformó hasta la médula y siguió casi igual; la que creó la FIL, el Festival de Cine, la que inventó la Guadalajara del show business; la universidad a la que en público no le echa ni un lazo la iniciativa privada dueña de hoteles, restaurantes, transportes, de la Expo… la que hincha sus bolsillos cuando la universidad empresaria se imagina activamente del primer mundo. Universidad maternal a la que decenas de miles de padres de familia prenden veladoras cada que va a dar a la luz las listas de admitidos y que luego, por alguna razón desconocida, no son buenos para alzar la voz por ella. Universidad de Guadalajara que es tanto como una prepa, tanto como un departamento académico, como los Hospitales Civiles; tanto como su historia negra, tanto como los que gracias a ella pudieron ir a la universidad. Universidad capaz de bajezas y de grandes cosas. Universidad-idea: omnisciente, identidad, referencia cultural, basta invocarla para prefigurar una geografía, un carácter, un concepto de las cosas, hay una para cada cual, para cada intención.

El tequila y la Universidad de Guadalajara parecen todo, son nada: mero reflejo de la calidad de la mirada que ponemos en ellos, objetivación de la esperanza o de la frustración, espejos claridosos de la sociedad. Al tequila no podemos aprehenderlo con la descripción de su proceso físico-químico, tampoco por lo que vemos de su mercadotecnia; en todo caso dicen más de él los campesinos que cultivan el mezcal, el sol, la tradición y la tierra teñida de azul agave… y así diciendo, dicen poco: el tequila es una experiencia personal, intransferible. A la Universidad de Guadalajara no podemos aprehenderla por las notas de los periódicos o por la biografía de sus personajes políticos más visibles; en todo caso dicen más de ella sus egresados, sus publicaciones y el imaginario colectivo que la goza y la padece… y así diciendo, dicen poco: la Universidad de Guadalajara es una percepción, una presencia inasible y concreta que se manifiesta de uno de uno.

La UdeG es inerte como el tequila, los efectos están en quien lo bebe, no en la bebida: lo que vemos de-en ella es lo que somos y lo que no somos, y como espejo puede ser terrible; de ahí que nos resulte más cómodo transferirle la personalidad de quienes se ostentan al frente de ella. La describimos caciquil, corrupta, tirana y sojuzgada, injusta, mal necesario, opaca… y de todos modos, si atendemos bien a nuestro juzgarla, no dejamos de narrar una parte de lo que somos como sociedad; descripción de una imagen abyecta que nos atrae morbosamente, impidiéndonos ver más allá, a lo profundo.

Hace falta que nos apropiemos de la UdeG, que la sintamos nuestra; por su importancia estratégica para el estado no podemos quedarnos petrificados atendiendo a lo que el gobernador señala, el actual y el que sea; tampoco podemos circunscribirnos a la versión que de ella nos pasan quienes se asumen sus dueños. La fórmula es simple: el progreso y el bienestar que queremos para Jalisco pasa irremisiblemente por la calidad de la universidad pública: nos desentendemos de ésta, posponemos lo otro. La Universidad de Guadalajara es para Jalisco como el tequila, seña de ascendiente, propiedad común, motivo de fiesta y satisfacción; o empresa ajena, mercadería medida en pesos y centavos, cruda doliente y vomitiva… ¿En qué la queremos convertir? No nadie, no ellos: nosotros.

agustino20@gmail.com

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. TeGedora
    Oct 04, 2010 @ 19:10:00

    Hola mi querida Artemisa, me gusto mucho la columna que trajiste.

    Uy duele, porque quiero a mi universidad, porque la tienen secuestrada una Pa(n)dilla de mafiosos, porque hay mucha corrupción, lucha de poderes, tantas mañas… pero también hay gente muy valiosa, académicos que la sacan adelante aún con todos estos obstáculos. Recuperar nuestra universidad, pues si es tarea de todas y todos… uff, me voy pensando.

    Besos y abrazos para tí y le dejo otros tantos a la Bruja.

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