Gastroenterología, Augusto Chacón

Cover: 1964, 7th printing of Nausea; New Direc...
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tomado de: http://www.milenio.com

  • 2010-10-16•Al Frente

El gobernador Emilio González Márquez acaba de inventar el equivalente al yo poético de la literatura para la política: según la carta que envió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, una cosa es lo que personalmente opina y otra su hacer público: “La palabra que ha causado controversia [“asquito”], y a la que usted [presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos –CEDHJ-] hace referencia, muestra una expresión totalmente personal, y no motiva o sustenta una política pública del Poder Ejecutivo del Estado de Jalisco.”; es decir, la persona y el personaje. A la primera se le altera el estómago a causa de la repugnancia de algo –los matrimonios gay- y la incita al vómito… bueno, lo anterior es nomás suplir la palabra asco por la primera acepción que la Real Academia nos entrega para ella; pero no es riguroso, porque el gobernador dijo “asquito”; entonces, a la persona personal del mandatario del estado se le altera el estomaguito a causa del matrimonio “otro” y lo incita al vomitito. El sujeto funcionario que a veces es González Márquez hace con las tripas nuda, contiene las arcadas y como los meros machos se convierte en un estadista de esos que delinean los libros de Historia; tal como hacen Peter Parker o Clark Kent en las películas, el gobernador de Jalisco se arranca las vestiduras -tosco sayal, pendiente rosario y dorada cruz- y se convierte en el súper héroe de lo diverso, de lo plural y de la paz fruto del respeto al derecho ajeno.

Pero no nos emocionemos, González Márquez miente en su carta al discretísimo y prudente (con los gobernantes) ombudsman del estado; el 16 de febrero pasado, hace ocho meses, leímos en Público: “El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, presentó ayer una demanda de controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para pedir que las bodas gay en el Distrito Federal sean declaradas inconstitucionales.”; el “asquito” convertido en acciones de gobierno. Claro, nos podría contradecir con el argumento de que se querelló con lo aprobado por la Asamblea de representantes del Distrito Federal (controversia que, por cierto, fracasó) no porque le importe quién se casa con quién, sino para defender la sacrosanta Constitución… pues que Emilio diga misa, miente: lo suyo es llevar sus creencias e ignorancias personales al ejercicio del poder público; 6,223 millones de pesos de gasto discrecional autorizado nomás por él para lo que él dispuso son la nota al pie de página que confirma la aseveración, (Público, 7 de octubre de 2010).

Con todo y que el nada eficaz y menos eficiente titular de la CEDHJ, Álvarez Cibrián, dijo que él ya cumplió con pedirle a González Márquez que ofrezca una disculpa por haber hecho público el estado que guardan sus tripas y por haber violado la Constitución, quedan preguntas por hacerle al gobernador, ex militante del Partido Demócrata Mexicano, muy gallito, hoy panista de los que sobresalen: ¿qué parte de las que componen un matrimonio le produce “asquito”? Con las variantes que a cada unión le imponen las circunstancias y las personalidades, en un lazo matrimonial suceden muchas cosas, pero sobre todo se pone en juego el verbo compartir: dinero, muebles, baño, cocina, cama, responsabilidades, fiestas, broncas, comida, felicidades, tristezas, amigos, enemigos, libros, tele, a veces calcetines, familias y (aunque la lista puede ser más grande, o más corta) sexo. ¿Cuál de todos estos asuntos le produce náuseas a González Márquez? Podría alegarse que el mero concepto “matrimonio” aplicado a dos del mismo sexo es el que lo lleva a la basca, pero no ha dado muestras, a estas alturas del sexenio, de que se le de el pensamiento abstracto, menos al grado de inducirle el vómito. ¿Será entonces que no puede contener las arcadas cuando se imagina que dos hombres comen del mismo plato o se sirven del mismo tubo de pasta dental? O tal vez, para él, matrimonio es sinónimo de sexo, y entre líneas insinúa que todo lo demás que compone una alianza entre dos que se aman no cuenta, y que la validez moral y legal de ese unirse está determinada por la sensibilidad de los intestinos de él, los de González Márquez, que sufren y se arrugan e intentan hacerlo descomer sólo porque no puede evitar pensar en dos de igual sexo entrepiernados, intercambiando fluidos; queda claro: el bien común se percibe en las entrañas, de quien cobra más.

agustino20@gmail.com

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. vronica romanillos
    Oct 19, 2010 @ 19:04:11

    Madre lo paso a mi muro

    Responder

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